viernes, marzo 04, 2011

EN PIJAMA

Primer viernes en el que no pego en este cuaderno mi artículo semanal, y en el que tampoco habré de dedicar la tarde a escribir el de la semana entrante. Valga lo uno por lo otro. Y quizá, al cambio, salgo ganando; porque, si algún inconveniente tiene esto de escribir en pijama, como quien dice, es que acaba uno por perder el hábito de  vestirse para salir, que es lo que hace cuando escribe para un periódico. Ahora estoy a mis anchas. Demasiado, ay.


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La verdad es que, para besarse, cualquier lugar es bueno. Sobre todo si, como es el caso de la pareja sobre la que hago esta anotación, se es joven y sano y se encuentra uno en ese estado de fascinación que provoca la conciencia de intimidad con la persona que te acompaña. Pero, en cualquier caso, no deja de ser chocante asistir a esta intimidad en según qué lugares. Por ejemplo, en un banco, mientras hacemos cola ante la ventanilla.


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Leo la encuesta volandera que el autor de Sólo se vive una vez envió a una serie de personajes más o menos conocidos de la vida cultural de los ochenta respecto a la tan cacareada movida madrileña. Y la verdad es que a las cuatro preguntas formuladas podría uno aportar respuestas tan detalladas y pertinentes como el que más. ¿Qué hizo usted en la década de los ochenta? Muchas cosas que no voy a detallar ahora -especialmente, las que atañen a mi vida personal-, pero entre las que figuran mis primeros libros y mi colaboración en algunas revistas señeras de entonces. ¿Con quiénes se relacionaba? También estaría un poco de más nombrar aquí a personas que quizá viven ahora apartadas de estas cuitas retrospectivas en las que yo ando enredado; pero que, en todo caso, contribuyeron decisivamente a una cierta difusa conciencia de grupo -doble, en mi caso, si hago cuenta aparte con mis amistades gaditanas, por un lado, y las relacionadas con revistas, editoriales y otras iniciativas lúdico-literarias que sitúo en Jerez y Sevilla. ¿Qué hizo la noche del 23-F? La noticia del golpe me llegó, muy de acuerdo con el espíritu de los tiempos, mientras ensayaba una obra de teatro con un grupo de amigos. Naturalmente, en cuanto supimos lo que estaba sucediendo, corrimos a casa a sentarnos ante el televisor. Y, por último: Haga un balance de la década de los 80 en su conjunto. ¿Y qué puede decir uno de la década en la que cumplió veinte años, vio sus primeros textos publicados, se enamoró, salió de casa, empezó a ganarse la vida, se divirtió como nunca, etc.? 


Naturalmente, el resumen habría ganado mucho con un poco más de concreción y detalle; sobre todo, nombres de personas y lugares. Pero lo traigo a colación por un solo motivo: demostrar, quizá, la inanidad de este tipo de encuestas, o la facilidad con la que puede improvisarse un balance vital, o el esencial parentesco que puede hallarse entre una serie de biografías cuando se aceptan como puntos de referencia comunes determinados hitos generacionales. ¿Tendría el mismo resultado una encuesta similar referida, por ejemplo, a la década siguiente, la de los noventa? No sé: los noventa, para mí, han sido tan... funcionariales.

2 comentarios:

Cisne Gaseoso dijo...

Lo de los 80’, será por la movida, digo… Creo que todos tenemos relatos personales para cada década. De las cuatro décadas de mi vida…la primera, fue muy triste. La segunda, fue entretenida. La tercera, fue la del gran amor. La cuarta, la estoy viviendo aún…no va mal. Diría que una época introspectiva y viajera.
Cada década es sólo una forma de contar años.
Yo, aún, cuento con los dedos…

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias por el amplio paseo y los comentarios aportados a ésta y otras entradas de este cuaderno. Lo de las décadas, se entiende, es una convención. Pero a la memoria le viene bien apoyarse en estas convenciones para organizar un poco su galimatías. Un saludo.