martes, marzo 15, 2011

ESPERO



El mundo se ensombrece bajo el peso de las catástrofes, naturales o inducidas. Pero si se comparan las unas con las otras, la conclusión no puede ser más demoledora: entre las imágenes de las ciudades destruidas por los combates entre las tropas de Gadafi y sus opositores, por ejemplo, y las del Japón devastado por el terremoto, desde luego las que contienen una semilla de esperanza, y dan lugar a una cierta fe en la capacidad el hombre para sobreponerse a las adversidades, son las segundas. Francamente, dudo de que pueda salir nada positivo de una horda de desesperados dispuestos a morir matando, por elevados que sean los principios que los animen. Pero sí espero mucho del soberbio ejemplo de contención y disciplina que están dando los japoneses ante una catástrofe que sólo iguala -suprema ironía- las que ellos mismos imaginaron en sus películas de monstruos. Creo incluso que esas virtudes se traducirán en palpables beneficios económicos a medio plazo, digan lo que digan los agoreros y, sobre todo, los especuladores dispuestos a enriquecerse con la desgracia ajena.


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También el tiempo pesa sobre el ánimo. Días grises, húmedos, inestables, desabridos. Y uno los agradece, porque lo contrario, el esplendor manifiesto de la primavera en ciernes, parecería, como mínimo, una impertinencia.


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Desde luego, para ser un libro sobre un lugar tan característicamente madrileño, qué poco Madrid contiene éste de Ramón sobre el Rastro. 

2 comentarios:

Juan Manuel González Lianes dijo...

Lo comentaba precisamente hace un rato con los compañeros, el modo en que los japoneses están afrontando tamaña desgracia. Admira ver las colas en los supermercados y, pese al sufrimiento, la contención con que expresan lo que sienten. Me admiró asimismo cómo en Australia los ciudadanos se prestaron a ayudarse los unos a los otros de modo desinteresado, y cómo en pocos días lo que en principio era una situación desastrosa fue adquiriendo una dimensión más humana. Puede que no sea justo, ni venga al caso, pero me pregunto qué comportamiento tendríamos los españoles en una situación igual de dramática. Como decía una compañera: tonto el último.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Yo también me lo he preguntado. Y no quiero imaginarlo.