martes, marzo 29, 2011

OTRA LECTORA

Va leyendo el Quijote y, como si fuera una desprejuiciada lectora inglesa del siglo XVIII, de vez en cuando suelta una carcajada. Inglesa no sé si será, pero de lo que no me cabe la menor duda es de que es extranjera, posiblemente centroeuropea: rubia, blanca como la leche, ojos acuosos, escurrida... No del tipo, evidentemente, con el que fantaseábamos los españoles en los tiempos de las películas de Alfredo Landa, sino de este otro que pasea su fingida inadvertencia por plazas y cafeterías, asombrándose y no asombrándose de todo y nada... Me he sentado a su lado en el autobús, como hago siempre que localizo a un lector o lectora silenciosos, que a su vez me permitan enfrascarme sin dificultad en mi propia lectura. De vez en cuando la miro de reojo y compruebo que su deleite es auténtico, y que sobre él no pesan los cuatrocientos años de sesuda exégesis acumulados sobre la magna obra cervantina. Me alegro por ella. Y me alegro también de poder alegar este ejemplo contra la extendida leyenda de que los beneficiarios de las becas Erasmus, las que posibilitan el intercambio de estudiantes entre los países de la Unión Europea, no hacen otra cosa que emborracharse y follar con los indígenas... A lo primero, por cierto, es a lo que se dedicaba esa otra chica de rasgos orientales y acento inconfundiblemente yanqui a la que vi el pasado viernes en un conocido pub irlandés del centro de Sevilla. Se interpuso varias veces entre los amigos que tomábamos allí la copa de después de la cena, y en todas esas ocasiones vi que depositaba sobre el relativamente morigerado grupo que componíamos una mirada de franca desaprobación, como si no entendiera que pudiera haber alguien en la calle a esa hora que no se encontrara en su estado de agotada euforia... Cuando la veo reincorporarse definitivamente a la descompuesta pandilla que la acompaña, siento lástima por ella, por las horas de via crucis alcóholico que previsiblemente todavía le quedan, por el desabrido amanecer. A lo mejor también a ella tendrían que haberle recomendado, como parte de su programa de estudios hispánicos, que leyera a Cervantes; y que, antes de adentrarse en la procelosa noche sevillana, tuviese algunas claras nociones de..., no sé, Rinconete y Cortadillo, por ejemplo, antes de perderse ella misma en los numerosos patios de Monipodio que todavía prosperan en la hermosa y acogedora ciudad del Betis.

3 comentarios:

Antonio dijo...

Creo que aún no tienes en este blog la etiqueta "En el autobús". Y creo que deberías tenerla. Sería una doble incitación: a la práctica de la lectura y al uso del transporte colectivo. Muy cordialmente.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Buena sugerencia, que aprovecharé. Gracias y un saludo.

Arrowni dijo...

Buena observación Antonio, el bondi es un lugar de importantes lecturas y descubrimientos sociológicos igualmente arbitrarios.