martes, marzo 22, 2011

RITMO



El pecado de Cluny Brown, de Lubitsch. O un estudio de la indefensión, de la absoluta ingenuidad en el trance de plegarse a las exigencias sociales, aun a sabiendas de que en ellas no encontrará otra cosa que infelicidad. Que la película tenga un final feliz no es, después de todo, sino una concesión a las convenciones vigentes; y un acicate, porque, si no, a quién le interesaría la historia de una criada dicharachera que sólo por muy poco se libra de casarse con un tipo sombrío... Podría ponerse en relación con Stella Dallas, de Vidor; que cuenta justo la historia opuesta: la de una desclasada que logra casarse con un brillante hombre de negocios y tampoco encuentra la felicidad, porque Vidor, al contrario que Lubitsch, es plenamente consciente de que las barreras sociales son poco menos que inquebrantables, y no quiere engañar a nadie al respecto.


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La sugestión del ritmo: leo versos medidos, predominantemente endecasílabos blancos, y el pensamiento empieza a traducirse en frases ajustadas a ese metro. Me digo que no, que mi empeño actual es otro, y muy alejado del de escribir versos. Pero acaba imponiéndose ese principio de elemental economía que lleva a anotar ciertas ocurrencias, por lo que puedan dar de sí. Acopia uno, acaso, para lo que vendrá después de la actual tesitura. Como ese hortelano, recuerdo, que sembraba los plantones extraviados al borde del camino, por no desperdiciar la semilla errada.


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¿Interesan a alguien estas intimidades? Incluso uno empieza a sentir que conoce ya demasiado bien al tipo que se expresa en ellas.

2 comentarios:

José Luis Piquero dijo...

Interesan, aunque no siempre comentemos. Un abrazo.

luis dijo...

Interesan. Somos muchos los lectores silenciosos de tu blog. Un abrazo.