lunes, marzo 14, 2011

YA NO LO DICE

Leonora Carrington
En la radio matinal, entrevistas sobre libros recién publicados. Y una doble sensación, de alivio y miedo al mismo tiempo: la primera, derivada del hecho de no ser uno, afortunadamente, el autor de esos libros, ni estar obligado a escribir libros como ésos para sobrevivir o estar en el candelero; la segunda, ante la posibilidad de que, cuando uno dice que escribe libros, alguien pudiera esperar que fueran libros como ésos, o suponerlo a uno implicado en ese tráfago, que tan poco tiene que ver con el trabajo literario tal como uno modestamente lo entiende.

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No sé de dónde vienen esas voces cruzadas, hasta que levanto la vista y veo la cabeza de una anciana asomada al ventanuco de su lavadero, y la de su interlocutora enmarcada por una ventana del edificio que hace ángulo recto con el anterior. Hablan de ventana a ventana, sobre el silencio de la plaza, en una mañana en la que la mayor parte de la población se repone de los excesos festivos del día anterior... Sonrío al pensar, malévolamente, en las maldiciones que algunos de los presuntos durmientes estarán echándoles a estas viejas que atruenan la plaza con sus voces de corneja. Y sonrío aun más al pasar bajo una de ellas y escuchar lo que le dice a la otra, a propósito de un nietecito que debe de ser encantador: "... Y ya no dice tanto puta como antes..."

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El rastro de Gómez de la Serna, o cómo la literatura estrictamente descriptiva deja de ser realista, e incluso soportable como medida o reflejo de la realidad, por mero efecto de acumulación: ninguna conciencia aguantaría  esa mirada exhaustiva sobre todas las cosas, sin perdonar ni una; ninguna conciencia soportaría, en fin, ese simultáneo saber tanto de todas y cada una de ellas (orinales, botellas, maniquíes, paraguas...). Y, sobre todo, la evidencia de que lo predicado de cada una de esas cosas redunda en demérito, no ya de sus dueños presentes o pasados, o de la circunstancia que las rodea, sino de toda la mezquina  humanidad, también cosificada, diría uno, por mero contagio. 
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Mi último libro: Pintura rápida, segunda entrega publicada de mi diario abierto. Ediciones La isla de Siltolá, Sevilla, 2011.

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