sábado, abril 16, 2011

AFORTUNADO

En contra de mi costumbre, hago esta anotación en sábado, que es el día en que me suelo imponer una rigurosa dieta de ayuno informático. Hago la excepción porque realmente tenía ganas de dedicar un rato a este cuaderno, después de una caótica semana laboral; y porque, a la vuelta de mi acostumbrada visita de los sábados al apartado de correos, me apetece consignar que vuelvo felizmente cargado con un mazo de libros que apenas me cabe en la mano, y pensando que, treinta años después de que me iniciara en estas cortesías más o menos aparejadas a la labor de escribir, todavía me llena de felicidad, y me produce cierta perplejidad, que haya amigos, editoriales, instituciones e  incluso escritores a quienes no conozco, que creen conveniente enviarme sus libros, aun a sabiendas de que poco o nada puedo hacer por ellos, dada la escasa relevancia que puedan tener mis opiniones al respecto, no digamos ya mi influencia... Juzgo este fenómeno una afortunada casualidad, que pone un poco patas arriba -para bien- mi régimen de lecturas y  me depara no pocas sorpresas, amén de una costosa necesidad de aviar unos metros de estanterías al año... No es un gran inconveniente, frente a las muchas satisfacciones que debo a este tráfico. Que hoy me trae, por cierto, un buen libro de relatos (Breve teoría del viaje y del desierto) de Cristian Crusat, que ya tuve ocasión de leer como miembro del jurado que lo premió; otro, que espero leer en breve, de Elena López Torres (El mueble oscuro y otros relatos), con la que, por lo que leo en la nota de solapa, me une una doble afinidad: la profesional -ella también come de la Filología Inglesa- y la que depara el trato con mi amigo José Mateos, de cuyo taller literario ha sido alumna; la segunda entrega (Madrid Underground) de la muy entretenida y bien documentada serie de novelas policíacas protagonizadas por el comisario Bernal, y firmadas por "David Serafín", transparente seudónimo del hispanista irlandés Ian Michael; y, por último, las dos últimas publicaciones de la benemérita editorial Siltolá: La tumba negra, un poema largo de Antonio Colinas, y Reloj de arena, antología poética de Aquilino Duque... ¿No es uno afortunado?

2 comentarios:

Juan Manuel González Lianes dijo...

La relevancia de tu opinión, al menos en mi caso, fue mucho mayor de lo que te imaginas, pues no se trataba tanto de que pudieras o no dármela, sino de que me leyeses, y lo hiciste, y ese fue mi gran premio. Gracias reiteradas.

Alvaro dijo...

¿¿¿Y todo eso gratis???

No, si al final me voy a tener que dedicar en serio a esto de escribir: ganar dinero no ganaré, pero me voy a ahorrar una pasta en libros.