lunes, abril 18, 2011

BROTHERS IN ARMS

Extraño trío de ases el que esgrimo al final de la velada, para rematar la serie de venerables elepés de vinilo que he ido poniendo para amenizar la cena. "Esto era lo que se escuchaba en los pubs a los que yo iba a mediados de los ochenta", le digo a mi interlocutor, mientras le pongo por delante las carpetas de Magic Touch, el primer LP de Stanley Jordan, Winelight, de Grover Washington Junior, y Return to Forever, de Chick Corea.  Mi amigo es unos tres lustros más joven que yo: el primer título no le suena en absoluto; del segundo acierta a tararear "Just the two of us", la canción más conocida del disco; al tercero, por supuesto, le reconoce su bien ganada condición de clásico... Esta deriva de nuestra audición, y de nuestra conversación, partía de la extrañeza que me habían producido sus comentarios de desagrado sobre Dire Straits, cuyo álbum Brothers in arms habíamos escuchado previamente... Le explico que, en la banda sonora de mi propia vida, este grupo vino justo después de los músicos antes mencionados; y que, después de un largo intervalo en el que esa especie de jazz-rock suave y pegadizo parecía el colmo de la elegancia y la sofisticación en los bares a los que uno iba, se impuso la música mucho más elemental de bandas como la de Mark Knoffler, lo que vino a ser como un respiro... Y me doy cuenta de que, de nuevo, estoy haciendo una declaración de estética; como cuando explico, en fin, qué motivos nos impulsaron a los escritores de los ochenta a intentar una imposible y efímera ligereza, que duró lo que la juventud, frente a la falsa sofisticación algo impostada que practicaban las promociones inmediatamente anteriores. Y es que uno siempre está hablando de las mismas cosas, independientemente del pretexto del que haya surgido la conversación.


(Terminada la nota previa, me doy cuenta de que lo dicho en ella pudo ser justo al revés: que primero viniera el rock algo redicho de Dire Straits y luego la preferencia por ese jazz ligero, que se toleraba bien como música de fondo mientras uno se tomaba una copa. Y es que, atendiendo al orden natural de los hechos, esa situación se corresponde justo a la fase en la que podía pagarme una copa larga, que sucede más bien hacia el final de la década... Lo que, después de todo, no altera esencialmente el argumento del párrafo anterior.)

5 comentarios:

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

No sé tu edad, pero la mía coincide con esos hallazgos tuyos y con ese ir pasando de unas músicas a otras, en la búsquedad de una que nos represente de alguna manera. Esos tres discos que nombras (Jordan, Washington Jr. y Corea con sus Return to Forever) fueron importantes durante un tiempo, y lo son ( de otra forma más pausada, menos frenética, menos hooligan tal vez) ahora. Adoré a Corea casi por encima de todas las cosas en la parte de la travesía musical en la que el jazz ocupaba el cien por cien del tiempo. Obsesivo, vital, orgánico casi. De esos tres (Jordan haciendo versiones estupendas de los Beatles -Eleanor Rigby, pienso ahora- o Grover Washington Jr. desgranando saxo viril casi de anuncio de colonia, pero qué bueno era: y por último Return to forever levantando el jazz rock ) salté al jazz más primario, a los maestros, al jazz que estaba ahí esperando y que me enseñó que existían Charlie Parker o Colemans Hawkins o Bill EVans. Fui (digamos) de lo asequible a lo imperecedero. Lo asequible, aplícalo a Dire Stratis, ese rock suave, también tiene su hueco, su gran hueco, amigo José Manuel. Brothers in arms es un disco de batalla, de pubs con amigos haciendo el punteo de Money for nothing o levantando un saxo imaginario (qué tiempos) con Your latest trick.
Sigo escuchando a Dire Straits. Los escucharé siempre. Llevo en el coche unos cuantos de sus discos, en mp3. No llevo sin embargo nada de Jordan ni de Washington Jr. ni de Corea. Ya ves. Eso demuestra muchas cosas.
Un placer volver a esos discos y leer tu siempre amena y limpia escritura.
Un abrazo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Y un placer compartir impresiones contigo, Emilio. Es como alargar la velada a la que me refería en mi nota. Un abrazo.

Sara dijo...

A mí me encantaba la música de Dire Straits, pero dejé de escucharlos a partir de Brothers in Arms. Creo que es un álbum 'blando'. Sin embargo nunca he dejado de escuhar esas canciones de finales de los 70- principios de los 80!

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Más que blando -"Money for nothing" no lo es, por ejemplo, tanto en la música como en la ácida letra-, es un álbum muy marcado por la clase de arreglos que se hacían en la época, y que hacían que un disco de Dire Straits sonara igual que, pongo por caso, uno de Bruce Springsteen; los discos anteriores eran más desnudos, y esa desnudez se echa de menos en "Brothers in Arms".

Sara dijo...

Exacto. Gracias por la precisión.