martes, abril 26, 2011

HABAS TIERNAS

Hablar del tiempo, ese bendito recurso sin el que la vida social sería una sucesión de penosos silencios. El pretexto hoy era el día esplendoroso, en contraste con el tiempo de perros que ha hecho a lo largo de toda la Semana Santa. Y la constatación de ese espíritu burlón que a veces parece presidir los cambios meteorológicos: lluvia y días sombríos durante las vacaciones, pleno sol el día de vuelta al trabajo. Y cómo hemos afilado el tópico, entre saludos y más o menos obligados parabienes, mientras el sol, desde arriba, derramaba su bálsamo sobre los cuerpos -uno aquí, otro allá, en la extensión de playa visible desde nuestro ventanal- de los desocupados.  


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Malestar ante lo que me parece una crítica, no negativa -no lo es- sino... apresurada. Y la duda: ¿se habrá leído esta mujer el libro? En ese caso, ¿por qué estos errores de bulto respecto a la cronología y el desenlace de la historia? Claro que, reconociendo nuestras limitaciones, todo puede deberse a que la novela no haya sido capaz de suscitar una atención mayor. Aunque uno, que es del oficio, sabe que a veces, en fin, la pereza o las prisas hacen el trabajo por ti (si los dejas, claro).


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Con tanta literatura, casi olvidaba lo esencial -quiero decir, la fina materia evanescente de la que han de ocuparse los diarios-: el sabor de esas habas tiernas, recién cogidas de la huerta, con las que J.A.M. nos obsequió en la cena del sábado. Aunque la literatura se tomó la revancha; y, me imagino que empujada por el estado de regresión en el que me tiene sumido la escritura de la nueva novela, también S., nuestra anfitriona, terminó contando, al principio tímidamente, luego con profusión de datos y detalles, su aventura madrileña a finales de los ochenta; cuando el clima al que repetidamente me he ido refiriendo en estas anotaciones empezaba a diluirse; y lo que venía, como ella misma se ocupó de señalar, era aquella probidad y ambición de ejecutivos con las que se estrenaron en el mundo laboral algunos recién licenciados en los albores de la nueva década. También sabían divertirse, por supuesto, quizá de un modo menos extremo. Lo que, al cabo de los años, relativiza mucho las cosas, qué duda cabe.


Imagen: Ana Juan

3 comentarios:

Susan Urich dijo...

Me gusta la leerte, diera la impresión de transitar un diario. Anotaciones rápidas, pero bien pensadas. Un saludo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Es un diario, Susan, que no podría escribirse sin saberse leído. Saludos.

Sara dijo...

Esta entrada me ha hecho recordar que fue en los albores de esa nueva década cuando empezaron a proliferar los cursos de MBA en España. Allí llegaron a parar licenciados de carreras de lo más diversas- en algunos casos, excelentes estudiantes que huían de las oposiciones como única salida...