viernes, abril 08, 2011

LIBROS PARA OTROS

Nada más grato que esa sensación de desprendimiento que se tiene cuando se compran libros para otro. Disfruté haciéndolo cuando fui responsable de una biblioteca escolar, en mi anterior destino, y vuelvo a disfrutarlo hoy cuando acudo a una librería a recoger los cinco ejemplares de la selección de poemas de Emily Dickinson traducidos por Marià Manent que recibirán los cinco autores distinguidos con "menciones honoríficas" en el concurso de poesía en inglés que fallamos el otro día; más un ejemplar de los Sonetos de amor de William Shakespeare, en traducción de Antonio Rivero Taravillo, que entregaremos a un joven poeta que ha merecido una mención fuera de concurso... Me agrada pensar que estas elecciones no son del todo arbitrarias; y que, si he optado por la delicada poetisa de Amherst, es porque, en el somero "taller" con el que intentamos dotar a los alumnos de algunos recursos poéticos en lengua inglesa, el modelo de poesía del que no aparté en ningún momento los ojos fue el suyo: una poesía sencilla, basada en construcciones muy comunes en el idioma, y cuyo asunto principal es la propia intimidad, enmarcada en objetos y situaciones cotidianas. ¿Elijo este modelo por su sencillez e inmediatez lingüística, o simplemente por afinidad estética? No puede uno cuestionarse las razones profundas de esta clase de decisiones. 


Ahora, con estos libros en la mano, me planteo cuáles de ellos encontrarán el lector que merecen y cuáles terminarán arrumbados en un rincón. Y me acuerdo, miren por dónde, de la Antolojía poética de JRJ que me regalaron en el colegio, también como premio de consolación, después de que una decisión que juzgué injusta, y por la que protesté, eliminara a mi equipo de un certamen de "cesta y puntos"... Firmaba aquella selección el también gran poeta José Gaos. Tardé un poco en abarcarla, e incluso en entender ciertos caracteres externos de este tipo de libros, tales como que la atribución de la colección a la que pertenecían cada uno de los poemas seleccionados figuraba sólo después del último poema de cada grupo. Miré y remiré mucho ese libro, hasta entender su mecanismo. Y hoy casi no puedo referenciar determinados poemas de JRJ si no es acudiendo a él. Ahora sé que ese libro me estaba destinado; y que, de haber ganado cualquier otro premio en aquel concurso, no me hubiera resultado en absoluto tan productivo. Quién sabe.

1 comentario:

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Muy honrado de figurar en tan selecta compañía.