martes, mayo 17, 2011

POESÍA AMOROSA Y POESÍA SOCIAL (1)

"La poesía amorosa es también poesía social", afirmó mi amigo Manuel Ruiz Torres en la presentación de su poemario El inicio del mundo, con el que vuelve a la poesía después de veinticinco años. Y lo explicó -es una pena que yo no recuerde ahora sus palabras exactas- diciendo que la manera en la que cada cual organiza su mundo sentimental inmediato determina también su modo de relacionarse en sociedad y concebir las relaciones sociales en general. 


Todo esto lo dijo en el preámbulo del que fue, sin duda, el acto más intenso y emotivo de la Feria del Libro; y el más concurrido también. Yo ya había disfrutado de una lectura silenciosa de esos poemas, y escucharlos en labios del autor les añadió, si acaso, una modulación más personal, unos matices que a mí me habían pasado desapercibidos. Nunca antes había asistido uno a una resurrección poética tan manifiesta, y el acontecimiento en sí tenía algo de milagro. Tanto, que uno casi no quería discutir nada, plantearse ninguna objeción, enturbiar el disfrute de la circunstancia concreta con esos tiquismiquis que parecen parte consustancial del negocio literario. 


Pero el caso es que no se me ha ido de la cabeza la afirmación con la que he abierto esta nota. No he parado de darle vueltas. ¿Poesía amorosa = poesía social? Sí, pero... Quizá sería mejor dejarlo en "poesía de protesta", porque es verdad que quien afirma la primacía de sus sentimientos amorosos sobre cualquier otra circunstancia está haciendo también una defensa de la individualidad amenazada. La poesía amorosa, si ha de valer algo, será siempre como alegato a favor de la individualidad. Poesía social, sí, pero de signo... liberal, en el sentido mejor y más auténtico del término. Ya sé que Manolo no quiso decir eso; más bien lo contrario... Pero uno no pierde de vista que en esos veinticinco años de alejamiento de la poesía que antes mencionábamos el autor de El inicio del mundo ha desarrollado una inteligente obra narrativa cuyo leit-motiv más insistente es la consideración irónica, pero no del todo hostil, de la vida burguesa, de las aspiraciones de la clase media-baja, de la masculinidad reinterpretada como una manifestación de esa individualidad amenazada de la que hablábamos antes, Y que su otra gran pasión y línea de trabajo, la gastronomía, se funda en una apreciación sincera del hedonismo burgués. Eso, por supuesto, no le resta autoridad a los desolados versos en los que ahora afirma: "Aún sin quererlo, / la vida se vuelve un insensato / ejercicio de acumulación". No hay que tomarlos como un alegato contra la propiedad privada, pongo por caso -uno de los motivos más insistentes de la poesía social stricto sensu-, sino como una especie de reverso del garcilasiano "Oh dulces prendas por mi mal halladas"... Seguiremos.

2 comentarios:

Rafael dijo...

Sorprende gratamente que el acto más concurrido de la feria del libro gire en torno a un libro de poesía. ¡Todavía hay salvación!

José Manuel Benítez Ariza dijo...

La hay, en efecto.