lunes, mayo 30, 2011

PRIVATE WORDS



Lo malo de lo que está ocurriendo últimamente es que se parece demasiado a las películas de Frank Capra; a Juan Nadie, por ejemplo. Y que conste que yo soy un incondicional del cine de Frank Capra.


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Por primera vez en mi vida unos amigos me piden que escriba un poema para ser leído en su boda. Tras varias tentativas insatisfactorias, doy por bueno un sencillo epitalamio en endecasílabos blancos que empieza así: 


La vida tiene a veces estas cosas.
Se pronuncian en alto, ante la gente,
los fuertes compromisos del amor,
sus palabras sentidas y solemnes,
sus consagradas fórmulas civiles...


Y termina así:


...y que este amor es cosa ya de todos,
porque lo hemos celebrado juntos
una noche de mayo, en amistad,
y es algo ya tan suyo como nuestro.


Lo de en medio son, por supuesto, private words addressed to you in public, como decía Eliot en su "A Dedication to my Wife"; siendo ese you, esa segunda persona ceremonial, el único receptor que puede entenderlas y agradecerlas.


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Recaen sobre uno encargos extraños; que, por más que la propia vanidad se empeñe en considerarlos signos externos de atención o reconocimiento, una vocecilla insobornable se empeña en advertir que no son más que síntomas de ese estado final de dispersión en el que un escritor de más o menos obstinada trayectoria empieza a valer lo mismo para un roto que para un descosido... 


Véase, si no, esta llamada telefónica del otro día: me piden que imparta la sesión final de un curso de doctorado dedicado a examinar las relaciones entre las distintas artes. En vano trato de decir que no soy la persona indicada; pero en mi contra constan, ay, los textos que he escrito para diversos catálogos de pintura; lo que, al parecer, es prueba irrefutable de mi interés por otras artes distintas de la literatura. Caigo en la cuenta entonces de que mi último libro se llama Pintura rápida; y me ofrezco a compartir con los asistentes a ese curso algunas de las ocasionales reflexiones sobre pintura contenidas en esa y otras entregas de mi "diario abierto". 


No sé si con eso estaré a la altura de las expectativas. Pero lo que no puedo hacer ahora es improvisar una teoría estética. Uno no esconde el paño. Incluso, desde hace algunos años, el trabajo de taller lo hago aquí, en este cuaderno, a la vista de todos. Y todo el mundo sabe de qué pie cojeo, ay.


***


La metáfora es tan simple que apurar sus consecuencias podría parecer incluso un abuso. Pero que las autoridades, a la hora de desalojar una plaza ocupada por una manifestación de ciudadanos descontentos, digan que lo hacen por razones sanitarias, y para posibilitar la celebración de una victoria futbolística... Son las dos grandes justificaciones del estado moderno: la deportiva, trasunto de las antiguas exaltaciones del orgullo patrio -y ahora caigo en la cuenta de que las autoridades regionales que han ordenado el desalojo son de ideología "nacionalista"-, y la higiénico-sanitaria, que viene a sustituir al antiguo enemigo externo por un enemigo intangible y silencioso, que la propia ciudadanía despreocupada se ocupa de propagar y contagiar. Queda todo dicho. Y, sin  embargo, es demasiado obvio, demasiado simple... 

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