miércoles, mayo 04, 2011

UNA CABEZA ENSANGRENTADA

Extraña sensación al leer en Madrid Underground, la novela de "David Serafín" (pseudónimo del irlandés Ian Michael), un capítulo en el que se describe un trayecto de metro que yo solía hacer con frecuencia en mis días madrileños: el que va de Plaza de España a Aluche, en lo que ahora exige combinar las líneas 10 y 5 y entonces, en la época en que está ambientada la novela, era una sola, el llamado "ferrocarril suburbano", en consonancia con su carácter periférico y con el hecho de que gran parte del recorrido transcurría (y transcurre) en superficie. Es una línea poco frecuentada a partir de cierta hora; lo que, unido a la desusada extensión de los tramos que la forman, y al hecho de que en ellos el viajero perciba la elevada velocidad que adquiere el convoy y el acusado desnivel del recorrido cuando éste se lanza, desde la relativa altura de la estación de Príncipe Pío, a salvar por debajo el cauce del inmediato río Manzanares, hace que la soledad y la sensación de desamparo sea aún más acusada. En este recorrido sitúa el novelista irlandés la aparición de una caja que contiene una ensangrentada cabeza humana... Y lo curioso es que este espantoso hallazgo lo efectúa una mujer que viaja sola y, como todos los solitarios, va rumiando casi en voz alta sus obsesiones particulares. Como uno en parecido trance. Y es que hay lugares y circunstancias que se bastan y sobran para dictar según qué aconteceres. 


***


Una vez más, el acto de acoso y maleducada insistencia en el que incurre uno cada vez que manda una indiscriminada invitación de correo electrónico a todos sus conocidos para que acudan a la presentación de un libro propio... En vano me digo que es mi deber hacer lo posible por dar alguna publicidad a un producto que es obra, no sólo de los apretados ocios de uno, sino también de la confianza que ha puesto en uno un editor, un amigo librero y otros copartícipes en el alumbramiento. Sí, no deja de ser una intrusión indebida. Pero...


***


Todavía no sé en qué dirección debo mirar cuando una inesperada confluencia de trayectorias -por ejemplo, cuando espero el autobús y una mujer desciende del último que acaba de parar ante mí- sitúa un pronunciado escote a la altura de mis ojos. Tengo cierta tendencia a apartar la vista rápidamente, como pillado en falta... Pero sé que ese gesto me delata aún más.

3 comentarios:

RM dijo...

No te preocupes: ella siempre se cubre con la mano justo antes de que mires. Comprobado.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Mira, se honesto con el vértigo y con el adn.
Y si no miras es que eres un actor del método, si eres capaz de no mirar...
Lo demás del post, qué jodíos somos, todo lo que no es escote, José Manuel, pasa a ser irrelevante ahora mismo.

Anónimo dijo...

A mirar, que son dos días. Y lo dice una mujer.