Continúa este falso siroco que vuelve el aire pesado y la luz plomiza. Miro las aguas detenidas de la bajamar, la marisma surcada de meandros del color del cielo neblinoso, las palmeras inmóviles. Uno también está a la espera de algo que se insinúa y no viene.
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Vol-au-vents rellenos de queso, anuncia el menú de esta inexcusable cena laboral. Hace años que me declaro alérgico al queso, para evitar dar explicaciones respecto a una sencilla cuestión de gustos: detesto ese alimento en todas sus variedades y formas. Lo que no deja de tener sus implicaciones simbólicas. En este caso, por ejemplo: aunque uno coma casi de todo, hay determinadas líneas rojas que nunca sobrepasaría.

6 comentarios:
Su fobia al queso es bastante común y hasta cierto punto comprensible si nos lo imaginamos bajo la definición que daba Marvin Harris: "secreciones rancias de glándulas sebáceas modificadas".
Aunque conociendo donde pasa sus fines de semana, lo lamento mucho por usted.
Desconocía la definición de Marvin Harris, pero me acojo a ella para justificar mi actitud. Más extendida, por cierto, de lo que parece: en mi trabajo, de cuarenta que somos, hay por lo menos cinco enemigos del queso. Con esa proporción, casi podríamos fundar un partido político.
Lo peor no es que no le guste el queso (desdicha fuerte) lo peor es que casi presume de ello. Me recuerda usted a esos tuertos que utilizan el ojo bueno para mirarte por encima del hombro
No presumo, hombre. Simplemente bromeo con algo que no puedo evitar.
yo también bromeo, hombre, por dios!!
Por supuesto. De eso se trata. Un saludo.
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