lunes, junio 20, 2011

ANGLOFILIA

"Todos esos aires de anglofilia que te das, y en realidad eres más español que nadie", me dice M.A., a propósito de mis reiterados desbarres en torno a ciertos acontecimientos político-sociales recientes. Y tiene razón: mi  opinión al respecto es más bien errática. Sobre las manifestaciones de descontentos, por ejemplo, primero las acogí con simpatía, luego dije que me parecían blandas; luego, cuando los incidentes frente al parlamento catalán, que habían cometido un serio error; y, por último, ante el hartazgo de condenas biempensantes e interesadas de esos incidentes, que no era para tanto... Lo único cierto es mi curiosidad ante lo que está ocurriendo, y una clara simpatía instintiva que, en el terreno de las adhesiones, podría traducirse en que estoy absolutamente de acuerdo con el deseo de regeneración democrática que se desprende de estas manifestaciones. Lo otro, la hispánica atracción hacia el contubernio y el abismo... Pues, sí, para qué negarlo. Y menos ahora, cuando lo que está sucediendo me sorprende en plena experiencia de regresión literaria a mis veinte años, tan confusos y contradictorios, ay, como el presente. En eso no he cambiado nada. O, si acaso, a peor.


***


El dúo Joseph Losey - Harold Pinter, director y guionista, respectivamente, de un buen número de las películas que firma el primero. Pero el caso es que Losey, que conocía bien la narrativa cinematográfica clásica -como lo demostró en El merodeador, por ejemplo- parecía necesitar el punto de afectado intelectualismo europeo que proporcionaron a sus películas los guiones del afamado dramaturgo. Y viceversa:   las ideas de este último parecen más frescas cuando sus personajes saltan del escenario al celuloide. Véase El sirviente, basada en la novela de un tercero: la idea de que amo y criado acaben estableciendo una relación perversa, y casi intercambiando los papeles, pertenece al ámbito teatral de Pinter y sus coetáneos -recuerda, por ejemplo, el asunto de Las criadas de Génet-. Pero su expresión más lograda es la que alcanza en este cuasi thriller, que no llega a serlo porque, por un inexplicable pudor de sus artífices, ninguno de sus protagonistas llega a cometer el crimen que parece anunciarse desde las primeras escenas de la película.


***


-No me gusta este ciclo de Losey que me estás poniendo. ¿Le queda mucho?
-No, pero peor es el que viene ahora: lo menos quince películas menores de George Cukor.


***


Repaso , antes de guardarlo, Las respuestas retóricas, el librito de artículos que Felipe Benítez Reyes ha publicado en Siltolá. Y capto algunas cosas que se me pasaron en la primera lectura: por ejemplo, que es un anuario, es decir, un libro como muchos de los que publicaba Pla, ordenado según el decurso del calendario, que es el que dicta la ocasión de cada artículo. Y que, por dotarse de este sencillo armazón cronológico, encierra también una novela: la de un hombre que vive sus rutinas y se defiende de ellas a través de una imaginación predispuesta a la sorpresa permanente; y capaz, por tanto, de intuir un misterio y un pequeño drama, a la vez que una deliciosa comedia absurda, en los deliquios de un pavo en los días previos a Navidad o en el comportamiento de los gatos... El artículo dedicado a estos últimos es ya, sin duda alguna, uno de los textos que prefiero de su autor. 

3 comentarios:

Sara dijo...

José Manuel, creo que no estás solo en esos desbarres, pues hay más de un crítico de este movimiento -entre las que me incluyo- que, a pesar de sus torpezas y desaciertos (aunque yo no incluiría entre éstos el episodio de Barcelona) se solidariza de lleno con él y sus reinvindicaciones. Como me pilla de paso por estos lares, ayer asistí a la manifestación de Sevilla, la primera a la que iba desde los años de la transición. Tienes razón: después de tantos añoos, lo primero que me llamó la atención es que las manifestaciones de aquí son diferentes (y en algunos aspectos, mucho) a las de otros países del norte de Europa. Y es quizás por ello que en algunos momentos me resultó difícil involucrarme de lleno- no por un distanciamiento político, sino más bien cultural. Delante mía iba una chica alemana portando su pancarta, seguro que tan indignada como el resto, pero iba callada. Y yo me sentí (casi?) tan extranjera como ella. De todas formas, ver a tanta gente manifestándose me llenó de ilusión, y regresé a casa feliz. Un saludo.

El capador de Turleque dijo...

Lo bueno de Losey era que le gustaba contar historias con imágenes. Lo malo esa especie de expresionismo exagerado y a veces pedante.
Lo mejor que no llevara a cabo ese proyecto con Pinter de rodar "En busca del tiempo perdido" y lo peor que era un pesado de tomo y "plomo".
Sin embargo Cukor tiene cositas interesantes entre sus "menores".
sobre todo los de los años 30 antes del codigo Hays. Recuerdo con cariño "Hollywood al desnudo" "Mujercitas" "No mas mujeres" "Mujeres" "Susana y Dios","La aventura de Silvia" "Un rostro de mujer" en fin ¿A quien se le ocurriria llamar a este hombre "Director de mujeres"?

marinero dijo...

Respecto al proyecto de Losey, que no conocía, de llevar a la pantalla "En busca del tiempo perdido", quizá hubiera valido la pena condenar, si era el caso, el resultado, no el simple proyecto. Recuerdo que, a quienes lo conocían como el jovencito (o ya no tan jovencito) snob que sin duda era, cualquier proyecto por parte de Proust de escribir algo parecido a su novela les hubiera resultado algo así como un chiste malísimo.