miércoles, junio 22, 2011

CICATRICES



Mientras termina de cerrarse la última, hago recuento de mis cicatrices. No demasiadas, pero significativas. Una de ellas (o dos, mejor, porque es doble) dio lugar a toda una novela, Vacaciones de invierno, la primera de mi trilogía todavía en marcha. Otras son ya casi invisibles, como las heridas del alma, y sólo uno es capaz de discernirlas. De niño, como todo el mundo, he jugado a los médicos con alguna primita. Pero, que yo recuerde, nunca jugábamos a mostrarnos heridas o pupas ocultas. No las tenía yo entonces. Sigo sin tenerlas.

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Escribir un diario íntimo destinado a la lectura de otros: airear esas cicatrices, que no mostrarlas; porque mostrar, lo que se dice mostrar, sólo se muestra lo que previamente se había hecho algún esfuerzo por ocultar.

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O, lo que es lo mismo, preservar la privacidad, que a nadie interesa, para airear la intimidad, que es siempre algo impersonal y, en realidad, no compromete.  

3 comentarios:

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Tenemos algo de impúdicos los que abrimos nuestra alma (el corazón, las vísceras, las palabras) a los demás en blogs, en estos aireadores de sentimientos, de formas de entender el mundo, pero no lo entendemos. Escribimos tal vez para contar las cicatrices y sacar conclusiones fiables de cómo sacarles provecho. He tenido tentaciones de no escribir absolutamente nada que me involucre en mi blog, pero siempre sale a flote Emilio, el yo público, ése del que conozco la mayor parte de las cosas. Es lo malo, amigo José Manuel: que no tenemos nada más a mano salvo nosotros mismos y las heridas que nos han infringido y las alegrías que vamos buscándonos.

Un saludo y buen final de curso...

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Buen final de curso, Emilio. Y un abrazo.

marinero dijo...

Muy sutil y digna de meditarse esa distinción entre "intimidad" y "privacidad". Ayuda de veras a aclarar algunas cosas. En el arte y en la vida, creo.