miércoles, junio 15, 2011

COWBOY



Leo en Para entregar en mano, la última entrega de los diarios de José Luis García Martín, una semblanza de un conocido editor en cuyos labios el diarista pone el siguiente comentario, a propósito de un autor que ganó el premio Nadal y, según el editor, se hallaba en el trance de revalidar el éxito con su siguiente novela: "Es su oportunidad de situarse definitivamente con los Javier Marías y los Vila Mata, o quedarse en el nivel de los autores de Pre-Textos, buenas críticas y una miseria como derechos de autor". Posiblemente este planteamiento se ajuste bastante bien a la realidad; pero acaso, por mera precisión terminológica, habría que añadir que los autores que pertenecen a ese imaginario Olimpo y los que cobran escasos o nulos derechos de autor en editoriales más o menos pequeñas no constituyen dos categorías diferenciadas dentro de la profesión literaria, sino, más bien, dos profesiones distintas. No quiero decir que una sea mejor que la otra; simplemente eso: que hay quienes crean productos literarios destinados a generar unos beneficios inmediatos (y, en ese aspecto, su profesión se parece a la de quienes urden videojuegos o películas comerciales, pongo por caso) y quienes escriben simplemente sin tener ese objetivo en mente (lo que no quiere decir  que no tengan otros, o que desdeñen obtener reconocimiento por su labor). Ésa es la realidad. Distinto es que, por cuestiones de prestigio, los grandes editores comerciales jueguen de vez en cuando la baza de reclutar a un escritor de prestigio para respaldar una de sus operaciones. Lo que, por supuesto, no resta valía al escritor elegido, que siempre es libre de continuar por sus derroteros personales una vez cumplido el compromiso. Pero conviene no mezclar las cosas ni confundir a nadie.


***


Esa lectura, aclaro, la hago en una posición difícil: realmente, no sé cómo sentarme, después de que me hayan extirpado una mancha sospechosa de la espalda y no halle manera de apoyar ésta sin sentir el roce en la herida. Y pienso en esos vaqueros de las películas del oeste que, después de que les hayan extirpado una bala y cosido el agujero, son capaces de montarse en un caballo y continuar con lo suyo: yo esta mañana no pude ni vestirme. En fin, que no está uno hecho para héroe de película de cowboys, que ya me gustaría; como tampoco, como decía antes, para autor de best-sellers... ¿Y para qué demonios vale uno, si se puede saber? 


***


En esta racha, me cuesta resistir la tentación de escribir sobre política en este cuaderno. ¿Para qué rebajarse a ello? Si acaso, la ventaja relativa de hacerlo aquí, a solas, y no gastar saliva sobre lo mismo en la barra de un bar o en los interludios del trabajo, es que aquí no hay que discutir con nadie. Y el caso es que, en la confusión reinante, uno es capaz de hallar ideas concordantes en personas de las más opuestas ideologías: coincidimos todos en que la situación actual de desánimo, empobrecimiento generalizado de la población y desfachatez de las clases dirigentes no puede continuar. No es poco. Pero tampoco suficiente, ay.

17 comentarios:

Anónimo dijo...

Supongo que el autor en cuestión es AT. Estos comentarios de JLGM, de uno en uno, tienen el mismo valor que los que te hace el taxista-tipo mientras escucha una tertulia radiofónica. De lo que se está hablando aquí es sobre todo de dinero, no de literatura. Marías y Vila-Matas con todos sus contratos, televisiones y reseñas internacionales corren el peligro de acabar siendo los Blasco Ibáñez de dentro de sesenta años. Lo importante aquí es saber quién es el Cesare Pavese de nuestros días y nuestra geografía, quién es nuestra Emily Dickinson. Por todo ello, comentarios como los aludidos…

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Totalmente de acuerdo en que de lo que se está hablando es de dinero; de ahí mi aclaración "terminológica"; pero, por si no ha quedado claro en la entrada, insisto en que el comentario no lo hace JLGM, sino que éste lo pone, verosímilmente, en labios de un editor con nombre y apellidos.

marinero dijo...

Soy un escritor situado "en el nivel de los autores de Pre-Textos", editorial en la que en efecto he publicado algún libro. Y tengo que decir que no estoy del todo de acuerdo con la visión que aquí se da.

Aparte del hecho obvio de que no todos los autores de Pre-Textos obtienen buenas críticas (algunos las obtienen malas, muchos, simplemente, pasan desapercibidos para la crítica), quienes están en "ese imaginario Olimpo" no son exactamente autores de "productos literarios destinados a generar unos beneficios inmediatos"; eso es confundirlos con los autores de best-sellers.

No es lo mismo, digamos, "La catedral del mar", por citar un producto español, que un libro de Javier Marías o Vila-Matas. Que un autor tenga éxito, incluso éxito grande, no significa necesariamente que pertenezca a esa clase de autores que despachan productos destinados exclusivamente a la venta rápida, y de los que nadie se acordará pasado un tiempo. Existen los best-sellers que no son otra cosa; existen también los autores que no escriben con fines inmediatamente comerciales. Son cosas perfectamente distintas (como ya dijo Joubert hace dos siglos, refiriéndose a los de la primera clase, "el arte no tienen nada que ver con semejantes libros. Hay que abandonarlos al comercio"). Y no conviene confundirlas, como aquí en cierta medida se hace.

Una cosa es el libro escrito para ganar dinero (como se abriría un negocio, o se desempeñaría cualquier otra actividad productiva), y otra el libro escrito con fines primordialmente literarios, aunque pueda tener éxito económico, incluso grande. Incluso, si queremos discriminar todavía con mayor precisión, una cosa es el llamado "best-seller de calidad" (libros, digamos, como "El perfume" o "El nombre de la rosa"), y otra muy distinta el libro literario. Aunque tenga éxito.

Arrowni dijo...

Y en realidad si a dividir nos dividimos podemos llegar a cualquier parte y a ninguna, lo esencial del dilema es que un escritor no vale su peso en oro. O como decía Jorgito, no juzgues a un árbol por sus frutos ni a un hombre por sus obras, pueden ser peores o mejores.

Toda tarea artística presupone la consagración de todos los momentos en que se escribe, no ha de ser reducida pues a "el momento antes de comprometerse a escribir por plata" ni al de "la convicción de la literatura en el texto", ambas cosas chorreadas y nauseabundas por momentos nos abandonan a ratos y la escritura no es eso -diga lo que diga Joyce-. Dígase pues, que igual vender libros tiene poco que ver con escribirlos, y el bestsellerismo a lo mucho se nos presenta como un género popular de literatura. Ya si uno considera lo popular indigno de las letras... Cada quien con sus prejuicios.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Sigo insistiendo en que la distinción no la hago yo, ni siquiera JLGM, sino un conocido editor, y eso creo que lo explica todo: para éste, en efecto, determinados productos son más "vendibles" que otros, y en esa consideración de objeto vendible pueden entrar, coyunturalmente, incluso libros en cuya concepción y ejecución no se advierte la menor huella de esos trucos fáciles (o no, no sé) que definen el "best-seller" por antonomasia. Para quienes dirigen este mercado, existen nítidamente dos categorías, llámeseles como se quiera. A mí, particularmente, me disgustan más los libros "literarios" con trampa para halagar a determinados lectores, que la literatura genuinamente popular, hacia la que no tengo ningún reparo. Pero en eso, como dice bien Arrowni, allá cada cual con sus prejuicios.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Por cierto, "marinero", si somos autores de la misma casa, y ya que usted me honra con sus visitas periódicas a este cuaderno, que es también suyo, me encantaría saber su identidad. Póngame un mensaje, aunque sea por Facebook. Un saludo.

Anónimo dijo...

Prueben a echar la cuenta de los marías y vilasmatas que nos hemos tragado en los últimos veinte años; ¿ubi sunt?
Por cierto, JLGM aparte de estas banales y triviales indiscreciones aporta algo ¿me recomiendan que me lo compre?

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Sí, si te gustan los diarios. JLGM es uno de los maestros del género en España.

marinero dijo...

No se tome a mal JMBA que prefiera seguir siendo anónimo. La razón de que lo prefiera es el haber comprobado que esa máscara me da una libertad, para decir lo que pienso, que mi timidez, sin ella, suele prohibirme, o al menos limitarme seriamente. Una libertad, imagino que eso se ve, no para decir barbaridades, sino simplemente para explicarme sin esa limitadora y escrupulosa vigilancia que, para mi desdicha, tiendo a ejercer sobre mí mismo. Sí aclararé que no soy demasiado conocido como escritor.

Anónimo dijo...

En una cierta controversia que tuve con usted, señor marinero, se presentaba como un simple lector. Ahora añade que es escritor. ¿A ver si va a resultar que también es crítico, muy crítico?
Reguenga

marinero dijo...

La anónima "reguenga" no parece haber comprendido que mis palabras de entonces se referían a que yo no soy un crítico profesional, es decir, alguien que, como ella hacía en el intercambio de notas que me recuerda, se propone a sí mismo como lector y juez público de libros. En ese sentido, yo sólo soy un lector. No hablaba allí de mi condición de escritor porque ése, que yo recuerde al menos, no era entonces el tema.

Aclaro: soy escritor, y lector (más bien, pienso ahora, habría que invertir el orden: primero, y siempre, lector, y luego, y sólo a veces, escritor). Pero no soy, ni aspiro a ser, un profesional de la crítica. Tengo, eso sí, mis opiniones; pero no pretendo hacer, en ningún sentido, profesión de ellas.

marinero dijo...

Por cierto, la distinción, que JMBA parece hacer también suya, entre productos literarios fácilmente vendibles y otros que no lo son, sin más precisiones, me sigue pareciendo que incluye en la misma categoría a Dan Brown, Patrick Süskind y Enrique Vila-Matas, lo que a mí personalmente me resulta una especie de mezcolanza a la que no le veo demasiado sentido. Y lo que dice de la "literatura genuinamente popular" quizá requiriese alguna aclaración. ¿Ken Follett? ¿Los libros de los famosos, o famosillos? ¿Corín Tellado, Marcial Lafuente Estefanía? Y los "libros "literarios" con trampa", ¿se refieren a Süskind o Eco, o a Marías o Vila-Matas, o a ambos, o a ninguno? Yo creo que hay aquí una cierta confusión entre "libros que venden" (lo que, en sí mismo, no es bueno ni malo, y puede ocurrirle a cualquier tipo de libro), y libros "hechos para vender", lo que es cosa muy distinta.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Respeto su decisión, amigo Marinero. Sus opiniones son siempre bienvenidas. Pero reitero mi curiosidad. Si alguna vez coincidimos, me encantaría saludarle (eso sí, prometiéndole guardarle el secreto).

marinero dijo...

Gracias a JMBA por su comprensión. Puede contar con que seguiré visitando el blog, y, si alguna vez tengo algo que decir que me parezca merecer la pena de ser dicho -algo mejor que el silencio, o al menos no demasiado inferior a él-, lo seguiré diciendo. Gracias. Respecto a la posibilidad de conocernos, agradezco también, y muy de veras, su buena voluntad; aunque me parece que éste, el de la lectura de las opiniones y notas respectivas, ya es un modo de conocerse, y no de los peores.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Nuestros últimos mensajes se han superpuesto y no quería dar la impresión de no haber leído el último suyo, que está muy bien razonado. Efectivamente, el término que tengo en mente es el de "libros hechos para vender"; que no es que me parezca mal, sino que, simplemente, son un producto nítidamente distinto de los libros hechos al margen de esa exigencia. No estoy muy seguro de que, entre esos últimos libros, haya de verdad grandes fenómenos de ventas: a veces, sí, un escritor ajeno a la mera comercialidad tiene un éxito: bien por él. Y ese éxito proporciona un mediano pasar a sus siguientes libros. Estupendo. Algunos de los autores que leo y admiro están en ese caso; y sé, por habérselo oído a ellos, de lo angustiosa que les resulta a algunos esa delicada posición. Pero, entre los escritores "cultos" que usted da a entender que le gustan o respeta y otros que entiendo que no, como Ken Follett, no veo tanta diferencia: si se analizan los libros de unos y otros, se ve que la diferencia es simplemente que se dirigen a públicos distintos; pero tan impersonal es la fórmula que emplea KF para hacer digeribles sus novelas como esas bien pautadas fantasías para cultos que urden otros. De ahí que -y es una mera cuestión de gustos- deplore especialmente esos últimos libros; que, además de previsibles y formularios, me parecen pedantescos y cursis. ¿Literatura popular? De adolescente yo leía mucho a Frederick Forsythe, por ejemplo: tengo un buen recuerdo de sus novelas; y, un poco antes, leía a Enid Blyton. También he leído y leo muchos tebeos, y de vez en cuando alguna novela policíaca. Respeto la aportación del folletín a la gran novela europea: sin los folletinistas populares no hubieran existido Dickens o Galdós. No sé si con esto respondo a alguna de sus objeciones.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Se me olvidaba otro autor "popular" que me gusta: Roald Dahl.

marinero dijo...

Gracias por la nueva respuesta. Yo creo, efectivamente, que la distinción clave está entre los "libros hechos para vender" (los que ya señalaba Joubert, en la frase que cité antes), y los otros.

Creo también que, entre los que no están hechos con esa intención, igual que entre los que sí lo están, los hay mejores y peores: las intenciones no garantizan nada, y, como ya señalara Cernuda, hay bastante más "honestidad y talento" en las mejores novelas de Dashiell Hammett que en muchas otras que "parecen, o mejor parecían, tener valor superior".

Pero, y aunque el mismo Cernuda, en ese texto (su "Dashiell Hammett", incluido en "Poesía y literatura II) contraste, recogiendo a Gide, la novela "Chance" de Conrad con "Cosecha roja", desfavorablemente para la primera, no por eso se puede concluir, en mi opinión, la deshonestidad o el carácter "comercial" de la literatura conradiana. Aun admitiendo que tenga razón, "Chance" sólo sería una novela menos lograda entre las de alguien que, como Conrad, es un verdadero gran novelista, y perfectamente honesto como tal.

Respecto a la falsificación deliberada, bueno, es cuestión de un poco de criterio lector: aunque la mona se vista de seda...