miércoles, junio 01, 2011

CÚMULO-NIMBOS



Este empleado de gasolinera me pregunta qué ha pasado con mis columnas periodísticas. Y caigo en la cuenta de que, desde finales de febrero, cuando interrumpí la colaboración con el Diario, es la primera persona que me ha preguntado directamente por esa cuestión. La única, en fin, que dice echarlas de menos. No sabe cuánto se lo agradezco. Y, también, que esta muestra de interés venga de una persona a la que no cabe atribuir otro afán en este asunto que el propio de un simple lector. Tiene uno pocos, descontando los colegas, para quienes estar al tanto o no de lo que escribo no es sino un modo de sondear los abismos del oficio. Desde anteayer, cuando tuvo lugar esa humilde muestra de interés, voy con la cabeza más alta. Hay quienes venden más libros que uno y quienes gozan de mayor predicamento. Pero no sé si esos podrán vanagloriarse de lo que yo: de que los lea el chico que les sirve la gasolina. No es mal balance para diez años de colaboración en un periódico.


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El campamento local de descontentos parece alicaído. Y no porque les falte razón, me temo, sino porque el combustible de una revolución no puede ser otro que la desesperación. Y, aunque desencantados y quejosos, desesperados, lo que se dice desesperados, no lo están (no lo estamos) aún. No lo bastante, al menos.


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Grandes cúmulo-nimbos en el horizonte. Desde que sé, gracias a los documentales de la sobremesa, que esas nubes en forma de yunque ocultan grandes turbulencias, las respeto más. Un hombre informado -incluso cuando su información es de tan baja estofa- es siempre un hombre abrumado por cosas que le sobrepasan.

1 comentario:

Anibal dijo...

No, desde luego, la evidencia de esa falta de desesperación es la escasez de violencia. Habrá que esperar más.

Le felicito por su significativo seguidor.

Siempre he adorado a los procelosos cumulonimbos casi tanto como a los mas tranquilos estratocúmulos, sobre todo al atardecer.