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Ulysses, de Tennyson. Descubro que se suele leer en los homenajes a compañeros que se jubilan. Yo mismo voy a leer unos versos de este poema en una ceremonia de esta clase. Y me hace gracia que este poeta denostado -que, sin embargo, emocionó e inspiró al propio Verlaine- valga lo mismo para un roto que para un descosido; lo que no es, en absoluto, un demérito.
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También uno, con el tiempo, empieza a valer lo mismo para un roto que para un descosido. Y no me lo he ganado, como Tennyson, sobreviviendo a los gustos de toda una sucesión de generaciones más o menos iconoclastas. Uno es, más bien... un comodín. O mejor, haciendo uso del equivalente inglés, a joker. Sin olvidar, por supuesto, las dimensiones trágicas que ese personaje alcanzó, digamos, en las historietas de Batman.

1 comentarios:
gran verdad.
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