***
A un poeta sólo se le lee bien -y de modo rentable, además, dado el precio de los libros- cuando publica sus poesías completas. Lo demás -esos libritos de sesenta páginas que se leen en veinte minutos- no son más que anticipos, entregas provisionales, a veces de una escandalosa precariedad. Al constatarlo, lo sé, tiro piedras contra mi propio tejado. Pero los poetas que verdaderamente te acompañan son esos que ocupan ya un tomito mediano. O, lo que es lo mismo: el mejor poeta es el poeta muerto (toco madera), que es el único que nos puede garantizar que ha dicho ya cuanto tenía que decir.
***
Las dudas de C. sobre su futuro: elegir esto o lo otro, lo blanco o lo negro, cuando, en realidad, el impulso natural a su edad es quererlo todo, o nada, que es lo mismo. Pesa también sobre ella un cierto exceso de información: demasiadas prevenciones, demasiados pros y contras, demasiados consejos dictados por la experiencia ajena. Uno lo tuvo más fácil: nadie me aconsejó nada, nadie me obligó a sopesar ventajas o inconvenientes. Ni siquiera, en aquellos negros finales de los setenta y comienzos de los ochenta, merecía la pena tomarse en serio el futuro: no lo había, como cantaban los Sex Pistols -aunque eso ni mis padres ni yo lo sabíamos entonces-. Ahora la verdad es que tampoco lo hay, pero quienes tienen la edad de C. no están todavía dispuestos a asumir esa verdad con todas sus consecuencias. Y la primera es: haz lo que quieras, en la seguridad de que será tan bueno como hacer lo que crees que será más seguro o más rentable. (Y qué raro se hace que un padre diga esto; el mío, ahora que recuerdo, quería que yo fuera contable. Pero creo que le divirtió verme adentrarme en un terreno que él desconocía, y cuyas salidas laborales ignoraba. En eso estábamos a la par.)
4 comentarios:
Siempre he creído en lo que dice usted sobre los poetas y la necesidad de que acaben su obra. A lo mejor no es necesario que se mueran, bastaría con prometer (empeñando honor y vida) no volver a trabajar mas en poesía y dedicarse por completo, digamos, a la crianza de lombrices de tierra o del habitat que mas estime.
En cuanto a las jaranillas, pienso que es detestable retirarse pronto por problema de salud o de edad, pero es aconsejable retirarse pronto si "estos buenos y joviales amigos" no pueden darnos nada nuevo. En este caso lo mejor es cambiar de fiesta. Yo, por ejemplo, nunca he estado en una fiesta pijama de antiguas vendedoras de AVON y este próximo fin de semana estoy invitado a una. Sé que me envidiará.
Excelente entrada. Saludos.
Sí que le envidió. ¿De veras es una fiesta pijama? Saludos.
¿Qué hay de esas "noches que se confunden con la vida"? Y bien confundidas, o fundidas con ella. No hace falta pasárselas bebiendo, que tampoco podríamos sin lamentarlo. Pero el espíritu no envejece.
Un abrazo.
Pensaba que lo mas llamativo eran las ex-vendedoras de AVON no lo pijamas.
La verdad es que será una reunión anual de viejas amigas entre las que habrá ex-vendedoras de AVON autenticas y piscina. Así que no espero pijamas. Yo he conseguido colarme cual Publio Clodio pero sin disfraz. Eso si, dos cajas de Krug G.C. Por cierto, alguna invitada es seguidora suya, puede que conocida.((Hola M. si lo estas leyendo.))
Saludos.
Publicar un comentario en la entrada