jueves, junio 16, 2011

SMALL TALK

Un tercio de los españoles, leo en un periódico, ha cambiado su dieta por culpa de la crisis... Supongo que para bien: la verdad es que estábamos demasiado gordos. Lo que, no sé por qué, me trae a la cabeza otro dato peregrino: el de que, hace unos años, la inmensa mayoría de los españoles se definían como "de clase media". Eso somos ahora: clase media empobrecida. Y me acuerdo del legítimo orgullo que sentía mi madre, como otras amas de casa de clase trabajadora, cuando comparaba su bolsa de la compra con la de las mujeres de los oficinistas y demás trabajadores de cuello blanco. Lo propio de éstas era escatimar. "La cara que pone el pescadero cuando piden media pescadilla, la mitad para freír y la otra para guisar". Ahora, por lo visto, andamos todos con esos tiquismiquis.

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Le enseño a este compañero, que es buen lector de poesía, el poema que compuse el martes para distraer la mañana de convalecencia que me ha valido mi operación de espalda. Es, le digo, el primer poema que escribo en mi vida (o el segundo, quizá, si incluyo en la cuenta uno que publiqué en Los extraños sobre una foto de fin de curso) en el que aludo directamente a una circunstancia relacionada con mi rutina laboral; en concreto, a una fiesta, también de fin de curso, que me permite contrastar la juventud triunfante con la claudicante edad adulta... Y ahí está el problema; porque, en los versos dedicados a este último grupo -en el que me incluyo, por supuesto-, menciono a las "envejecidas compañeras", en un sintagma de nueve sílabas que, aparte de corresponderse exactamente con lo que quiero decir, resulta poco menos que intocable desde un punto de vista métrico... "Hombre, esto no les va a gustar a las compañeras", me dice mi interlocutor. Me propone, en broma, otras alternativas, y yo mismo aporto alguna. "¿Y si pongo curtidas en vez de envejecidas, y dejamos el eneasílabo en heptasílabo?". Naturalmente, todo esto es small talk, porque lo cierto es que, una vez conformado el poema en torno a esa momentánea apretura métrica que supone el eneasílabo en medio de una serie preponderantemente endecasilábica, la adopción de ese heptasílabo de compromiso supondría casi una confesión abierta de impotencia. Mi amigo, de todos modos, me elogia el poema. Y me hace ver, con toda esta divertida controversia, algo que ya tenía claro yo: que la poesía puede ser cualquier cosa menos discurso pactado. Y que, por supuesto, tiene poco que ver con las consideraciones mundanas.

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Y sigo contando anécdotas de dómine. Les pongo a mis alumnos, para distraer estos días finales, Grease, la película de Randall Kleiser. Una de las pocas, que yo sepa, que pueden gustar a dos o tres generaciones. Si acaso, los adolescentes de hoy se parecen más que los de ayer a los trastos que protagonizan la película. Nosotros, tan modositos, hubiéramos queridos ser como ellos. Éstos no: éstos ya lo son, y asisten a las gamberradas y fantochadas de Travolta y compañía con una mirada de aquiescencia absoluta, como una tribu salvaje que diera su aprobación a un documental sobre ellos que un antropólogo les mostrara. 

7 comentarios:

Rafael dijo...

Adolescentes maduritos los de Grease, dicho sea de paso. Aunque ciertamente, la película está fenomenal.
Saludos.

Anibal dijo...

Dios santo, en que mundo vivió usted?¿De verdad que eran mas modositos que "the birds"? ¿Estaba usted en un seminario? De todas formas me parece bien acabar un curso con "Grease".Aunque yo lo empezaría con "Saló o las 120 noches de Sodoma" para que se enteren de por donde va a ir los tiros...

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Pues sí, la verdad es que en mi adolescencia no hacíamos carreras ilegales de coches en carreteras abandonadas, ni formábamos pandillas, ni llevábamos navajas. "Grease", lo he escrito ya en alguna ocasión, no es en absoluto la película ñoña que algunos recuerdan. Y lo verdaderamente apasionante de la película es la cantidad de cosas que suceden en segundo plano. Por eso puede verse más de una vez.

Puestos a buscar una película realista y "dura" sobre la adolescencia, las hay mejores que ésa que me indica usted; por ejemplo, Kids, de Larry Clark.

Anibal dijo...

Si, en mi adolescencia, en los años 70 recuerdo carreras de coches y motos en polígonos industriales, follar debajo de un camión en casas abandonadas o donde pillara, excursiones nocturnas buscando fachas o buscando rojos para apalizarlos en peleas en las que se usaban navajas, nunchacos, porras policiales, cables, puños americanos si no tenias una panda ,mal asunto también era normal buscar yonkis para maltratarlos y robarles En fin esto era muy normal tanto en barrios ricos como obreros en una gran ciudad. Yo he vivido algunas de estas cosas (y eso que era un pringao) y recuerdo varios amigos y conocidos muertos en estas chiquilladas. Pero yo no he dicho que Saló fuera buena película de hecho es casi tan mala como las de Larry Clark con su "ácida moralina" tanto que me produce ardores. No soporto la manita de los chicos "indies". Pero si, Grease es una excelente película y nada moña que no me canso de ver.

El Capador de Turleque dijo...

Estoy con JMBA en que "Grease" es una buena película con muchas cositas tanto de guión como de puesta en escena en las que entretenernos y es cierto que esa es una de las claves para que nunca aburra, al igual que ocurre los posts del propio JMBA. También es cierto que los macarrillas de "Grease" saldrían despavoridos si conocieran al "Chirla" o al "Globero", piezas que habitaron mi barrio. Identifico como habituales las cosas que cuenta Anibal. No me gustan ni "Saló" ni "Kids" aunque me da mas grimita el cine de Larry Clark, especialmente "Ken Park", que el viejo asqueroso comiendole la boca llena de mierda al chico aquel de Pasolini al que por cierto sólo le salió bien "El Evangelio..." y no me explico bien como.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Bienvenidos los dos nuevos comentarios. De lo que yo mismo conocí del enrarecido ambiente urbano de esa época da cuenta mi novela "Vida nueva"; y en el ambiente que ahí describo, de estudiantes más bien pardillos, la tentación más peligrosa era, aparte de la de la droga, tan generalizada, la que ofrecía la política; al menos en mi ciudad, donde la frontera entre el radicalismo político y lo que iba más allá no era muy nítida. Lo otro, la marginalidad urbana, estaba cercano y era conocido: yo también tenía noticia de las carreras ilegales de coches que se celebraban en determinadas zonas de Jerez, por ejemplo. Digamos que mi comentario se refería a la experiencia de un estudiante "normal", como los pardillos que salen en Grease.

Por cierto, Turleque, bienvenido, después de tanto tiempo.

El Capador de Turleque dijo...

Gracias, bienhallado