sábado, junio 18, 2011

UN COLOQUIO



Transcribo aquí, con algunos mínimos retoques, la animada conversación que tuvimos el otro día algunos lectores de este cuaderno y yo a propósito de un comentario de un editor que recogía José Luis García Martín en la última entrega de sus diarios. Lo hago porque creo que estos diálogos a veces quedan muy perdidos en la letra pequeña del blog, y es una pena que así ocurra. Lo pongo aquí para eso: para que no se me olvide, ni se pierda. Y porque queda mejor que en letra pequeña, creo. Y se me ocurre que con esto puedo abrir una nueva línea en este cuaderno: la transcripción de las conversaciones más interesantes. Con permiso de los interlocutores, claro.


ANÓNIMO: Estos comentarios de JLGM, de uno en uno, tienen el mismo valor que los que te hace el taxista-tipo mientras escucha una tertulia radiofónica. De lo que se está hablando aquí es sobre todo de dinero, no de literatura. Marías y Vila-Matas con todos sus contratos, televisiones y reseñas internacionales corren el peligro de acabar siendo los Blasco Ibáñez de dentro de sesenta años. Lo importante aquí es saber quién es el Cesare Pavese de nuestros días y nuestra geografía, quién es nuestra Emily Dickinson. Por todo ello, comentarios como los aludidos…


JMBA: Totalmente de acuerdo en que de lo que se está hablando es de dinero; de ahí mi aclaración "terminológica"; pero, por si no ha quedado claro en la entrada, insisto en que el comentario no lo hace JLGM, sino que éste lo pone, verosímilmente, en labios de un editor con nombre y apellidos.


MARINERO: Soy un escritor situado "en el nivel de los autores de Pre-Textos", editorial en la que en efecto he publicado algún libro. Y tengo que decir que no estoy del todo de acuerdo con la visión que aquí se da. Aparte del hecho obvio de que no todos los autores de Pre-Textos obtienen buenas críticas (algunos las obtienen malas, muchos, simplemente, pasan desapercibidos para la crítica), quienes están en "ese imaginario Olimpo" no son exactamente autores de "productos literarios destinados a generar unos beneficios inmediatos"; eso es confundirlos con los autores de best-sellers.


No es lo mismo, digamos, La catedral del mar, por citar un producto español, que un libro de Javier Marías o Vila-Matas. Que un autor tenga éxito, incluso éxito grande, no significa necesariamente que pertenezca a esa clase de autores que despachan productos destinados exclusivamente a la venta rápida, y de los que nadie se acordará pasado un tiempo. Existen los best-sellers que no son otra cosa; existen también los autores que no escriben con fines inmediatamente comerciales. Son cosas perfectamente distintas (como ya dijo Joubert hace dos siglos, refiriéndose a los de la primera clase, "el arte no tienen nada que ver con semejantes libros. Hay que abandonarlos al comercio"). Y no conviene confundirlas, como aquí en cierta medida se hace.


Una cosa es el libro escrito para ganar dinero (como se abriría un negocio, o se desempeñaría cualquier otra actividad productiva), y otra el libro escrito con fines primordialmente literarios, aunque pueda tener éxito económico, incluso grande. Si queremos discriminar todavía con mayor precisión, una cosa es el llamado "best-seller de calidad" (libros, digamos, como El perfume o El nombre de la rosa), y otra muy distinta el libro literario. Aunque tenga éxito.


ARROWNI:  Si a dividir nos ponemos, podemos llegar a cualquier parte y a ninguna. Lo esencial del dilema es que un escritor no vale su peso en oro. Igual vender libros tiene poco que ver con escribirlos, y el bestsellerismo a lo mucho se nos presenta como un género popular de literatura. Ahora, si uno considera lo popular indigno de las letras... Cada quien con sus prejuicios.


JMBA: Sigo insistiendo en que la distinción no la hago yo, ni siquiera JLGM, sino un conocido editor, y eso creo que lo explica todo: para éste, en efecto, determinados productos son más "vendibles" que otros, y en esa consideración de objeto vendible pueden entrar, coyunturalmente, incluso libros en cuya concepción y ejecución no se advierte la menor huella de esos trucos fáciles (o no, no sé) que definen el best-seller por antonomasia. Para quienes dirigen este mercado, existen nítidamente dos categorías, llámeseles como se quiera. A mí, particularmente, me disgustan más los libros "literarios" con trampa para halagar a determinados lectores, que la literatura genuinamente popular, hacia la que no tengo ningún reparo. Pero en eso, como dice bien Arrowni, allá cada cual con sus prejuicios.


Por cierto, M., si somos autores de la misma casa, y ya que usted me honra con sus visitas periódicas a este cuaderno, que es también suyo, me encantaría saber su identidad. Póngame un mensaje, aunque sea por Facebook. Un saludo.


ANÓNIMO: Prueben a echar la cuenta de los marías y vilasmatas que nos hemos tragado en los últimos veinte años; ¿ubi sunt?


Por cierto, JLGM, aparte de estas banales y triviales indiscreciones ¿aporta algo? ¿Me recomiendan que me lo compre?


JMBA: Sí, si te gustan los diarios. JLGM es uno de los maestros del género en España.


M.: No se tome a mal JMBA que prefiera seguir siendo anónimo. La razón de que lo prefiera es el haber comprobado que esa máscara me da una libertad, para decir lo que pienso, que mi timidez, sin ella, suele prohibirme, o al menos limitarme seriamente. Una libertad, imagino que eso se ve, no para decir barbaridades, sino simplemente para explicarme sin esa limitadora y escrupulosa vigilancia que, para mi desdicha, tiendo a ejercer sobre mí mismo. Sí aclararé que no soy demasiado conocido como escritor.


REGUENGA: En una cierta controversia que tuve con usted, señor marinero, se presentaba como un simple lector. Ahora añade que es escritor. ¿A ver si va a resultar que también es crítico, muy crítico?


MARINERO: La anónima Reguenga no parece haber comprendido que mis palabras de entonces se referían a que yo no soy un crítico profesional, es decir, alguien que, como ella hacía en el intercambio de notas que me recuerda, se propone a sí mismo como lector y juez público de libros. En ese sentido, yo sólo soy un lector. No hablaba allí de mi condición de escritor porque ése, que yo recuerde al menos, no era entonces el tema.


Aclaro: soy escritor, y lector (más bien, pienso ahora, habría que invertir el orden: primero, y siempre, lector, y luego, y sólo a veces, escritor). Pero no soy, ni aspiro a ser, un profesional de la crítica. Tengo, eso sí, mis opiniones; pero no pretendo hacer, en ningún sentido, profesión de ellas.


Por cierto, la distinción, que JMBA parece hacer también suya, entre productos literarios fácilmente vendibles y otros que no lo son, sin más precisiones, me sigue pareciendo que incluye en la misma categoría a Dan Brown, Patrick Süskind y Enrique Vila-Matas, lo que a mí personalmente me resulta una especie de mezcolanza a la que no le veo demasiado sentido. Y lo que dice de la "literatura genuinamente popular" quizá requiriese alguna aclaración. ¿Ken Follett? ¿Los libros de los famosos, o famosillos? ¿Corín Tellado, Marcial Lafuente Estefanía? Y los "libros "literarios" con trampa", ¿se refieren a Süskind o Eco, o a Marías o Vila-Matas, o a ambos, o a ninguno? Yo creo que hay aquí una cierta confusión entre "libros que venden" (lo que, en sí mismo, no es bueno ni malo, y puede ocurrirle a cualquier tipo de libro), y libros "hechos para vender", lo que es cosa muy distinta.


JMBA: Respeto su decisión, amigo Marinero. Sus opiniones son siempre bienvenidas. Pero reitero mi curiosidad. Si alguna vez coincidimos, me encantaría saludarle (eso sí, prometiéndole guardarle el secreto).


MARINERO: Gracias a JMBA por su comprensión. Puede contar con que seguiré visitando el blog, y, si alguna vez tengo algo que decir que me parezca merecer la pena de ser dicho -algo mejor que el silencio, o al menos no demasiado inferior a él-, lo seguiré diciendo. Gracias. Respecto a la posibilidad de conocernos, agradezco también, y muy de veras, su buena voluntad; aunque me parece que éste, el de la lectura de las opiniones y notas respectivas, ya es un modo de conocerse, y no de los peores.


JMBA: Nuestros últimos mensajes se han superpuesto y no quería dar la impresión de no haber leído el último suyo, que está muy bien razonado. Efectivamente, el término que tengo en mente es el de "libros hechos para vender"; que no es que me parezca mal, sino que, simplemente, son un producto nítidamente distinto de los libros hechos al margen de esa exigencia. No estoy muy seguro de que, entre esos últimos libros, haya de verdad grandes fenómenos de ventas: a veces, sí, un escritor ajeno a la mera comercialidad tiene un éxito: bien por él. Y ese éxito proporciona un mediano pasar a sus siguientes libros. Estupendo. Algunos de los autores que leo y admiro están en ese caso; y sé, por habérselo oído a ellos, de lo angustiosa que les resulta a algunos esa delicada posición. Pero, entre los escritores "cultos" que usted da a entender que le gustan o respeta y otros que entiendo que no, como Ken Follett, no veo tanta diferencia: si se analizan los libros de unos y otros, se ve que la diferencia es simplemente que se dirigen a públicos distintos; pero tan impersonal es la fórmula que emplea KF para hacer digeribles sus novelas como esas bien pautadas fantasías para cultos que urden otros. De ahí que -y es una mera cuestión de gustos- deplore especialmente esos últimos libros; que, además de previsibles y formularios, me parecen pedantescos y cursis. ¿Literatura popular? De adolescente yo leía mucho a Frederick Forsythe, por ejemplo: tengo un buen recuerdo de sus novelas; y, un poco antes, leía a Enid Blyton. También he leído y leo muchos tebeos, y de vez en cuando alguna novela policíaca. Respeto la aportación del folletín a la gran novela europea: sin los folletinistas populares no hubieran existido Dickens o Galdós. No sé si con esto respondo a alguna de sus objeciones.

14 comentarios:

Paco Rico dijo...

No es extraño que M, el anónimo, no sea un escritor muy conocido. Se nota que es un merluzo de proporciones notables.

Anónimo dijo...

Y sobresaliente en pedantería.
Y bastante redicho, a mi tampoco me extraña que sea poco conocido y quiera mantener su anonimato. Resulta un poco chirriante su lectura.
*Crítica realizada con todo respeto( esta vez creo haberlo escrito correctamente) ¿verdad, marinero?

José Miguel Ridao dijo...

Pues sí que has tenido una idea original: dar rango de entrada a los comentarios es un acierto, de esta manera los coloquios tan interesantes como éste, y que enriquecen la entrada, pasan a un primer plano y, sobre todo, se abre la posibilidad de que se sigan enriqueciendo con nuevas aportaciones. Creo que se podría abrir una etiqueta en este sentido, con una periodicidad semanal, o mensual, dependiendo del interés de las aportaciones. Eso sí, me temo que habrá que ejercer la censura cuando se calientan las "bocas", más que nada para no escapar de lo esencial del coloquio.

Un abrazo, José Manuel.

marinero dijo...

Agradezco de veras, tanto a "Paco Rico" como al Anónimo, los piropos que tienen a bien dedicarme. A veces me digo que, si mi escritura pudiese tener de veras un mínimo interés, tendría que causar algunas irritaciones (es una consecuencia inevitable; piénsese en cualquier escritor valioso). Sus comentarios me hacen ver que, quizá, no todo está perdido. En cualquier caso, me han animado la mañana. Gracias.

Y gracias también, por lo que me toca, a JMBA, por esto de ascender los comentarios a entrada propia.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Me alegro de que te haya gustado la idea, Ridao. Cuando empezamos a publicar nuestros blogs en forma de libro, hubo quien lamentó que se perdieran los comentarios de los lectores. Quizá ésta sea una forma de evitarlo: rescatar los grupos de comentarios que lleguen a tener entidad de "conversaciones", como es el caso.

Y gracias, Marinero, por dar tu aprobación a este uso de tus textos.

José Luis Piquero dijo...

No quise intervenir en su momento en la discusión, que ya la fuistéis encauzando entre todos. Pero ahora quiero tocar un tema colateral y es el del anonimato. ¿Cuándo nos decidiremos los que hacemos un blog a no aprobar bajo ninguna circunstancia un comentario anónimo, especialmente en asuntos en los que se menciona a terceros, se descalifica, se disiente, se polemiza...? Entono el mea culpa, yo el primero, que en el mío los he aprobado. El anonimato es siempre cobarde y decir que así uno es más libre de expresarse sólo quiere decir que puede descalificar con mayor impunidad, nadando y guardando la ropa, mintiendo sin consecuencias y hasta usurpando la personalidad de otros, como bien sabe ese Marinero, que no sé si el de verdad o el primer imitador o el cuarto (aludo a discusiones en otros blogs) pero cuyas opiniones (como las de los demás anónimos) vienen tocadas de credibilidad desde la base.
Un abrazo de uno que firma siempre.

Anibal dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
José Manuel Benítez Ariza dijo...

José Luis: estoy de acuerdo contigo en lo que dices del anonimato, aunque reconozco que, en este medio, tanto da no firmar como firmar con pseudónimo o nombre falso, que es lo que hacen muchos. Yo creo que el lector de estas bitácoras sabe discriminar y darle a cada opinión el peso que merece. Tampoco descarto que la cuestión de atreverse a respaldar las opiniones con la firma propia sea un proceso gradual: hay quien empieza firmando con sus iniciales y termina dando su nombre completo. También he de decir que conozco a algunos de los "anónimos" que entran en este cuaderno, al igual que sé quiénes se ocultan tras determinados pseudónimos: son, en algunos casos, amigos o conocidos míos que prefieren no dar su nombre. No es el caso, evidentemente, de los que participan en esta conversación. Pero, en general, no hago reproches a nadie. Aunque sí ruego que se guarden las formas.

Un abrazo.

marinero dijo...

Por alusiones: no creo que ni el anonimato ni un seudónimo quiten "credibilidad" (ni la añadan) a opinión alguna. Hay que valorarlas por lo que dicen, no por quien las emita. Lo otro es optar, me parece, por lo que se llaman "argumentos ad hominem", o sea, contradecir una opinión no exponiendo argumentos distintos, sino diciendo "porque usted es...", y aquí la descalificación personal que a uno se le ocurra. Una opinión vale lo que ella valga por sí misma, no lo que valga la firma. Así, al menos, aspiro a que ocurra con las mías.

Y un detalle: si alguien (desconozco si es posible, quiero decir, electrónicamente posible) hubiera usurpado el nombre de José Luis Piquero para atribuirle las opiniones que se le ocurriera, ¿le parecería justo que otros le descalificaran a él, metiéndole al hacerlo en el mismo saco que a su usurpador? Pues exactamente eso es lo que ha pasado con mi firma. Yo no lo he buscado, ni tengo la culpa; y me parece injusto que me la echen, la verdad. Es confundir al transgresor con la víctima.

Anibal dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Arrowni dijo...

Buena la idea, tener suficiente comentario de donde extraer es un buen recurso para generar contenido y reflexión.

Si uno quiere: La verdad dialogal a la que Sócrates adhería.

José Luis Piquero dijo...

José Manuel: Naturalmente, uno sabe discriminar entre las opiniones, vayan firmadas o no, igual que discriminamos entre columnas de opinión en un periódico. No se trata de eso, sino de que cualquier diálogo queda viciado cuando hay máscaras de por medio y no sabes a quién te estás dirigiendo. El equivalente en la vida real (quiero decir, no virtual) sería conversar con alguien que va encapuchado y usa un distorsionador de voz. Cuando yo, pobre ignorante de la informática, no sabía registrarme, entraba en blogs de amigos y firmaba con mis iniciales, a sabiendas de que en ese contexto todo el mundo sabía quién era. Pero no es el caso.
Marinero: No te reprochaba que te hubieras dejado usurpar (que no es culpa tuya, naturalmente). Me limitaba a decir que esa es una de las consecuencias de no firmar. Ignoro si esa usurpación electrónica que dices se puede hacer pero eso no toca al asunto del que hablamos (también se puede usurpar la personalidad de alguien por carta). Hablamos de dar la cara. Y no se trata de aprovechar eso para introducir argumentos "ad hominem" sino del principio de que un diálogo ha de basarse en la transparencia y la igualdad de condiciones, que queda menoscabado con el anonimato de una de las partes.

marinero dijo...

No estoy yo demasiado de acuerdo con lo que dice en su último mensaje José Luis Piquero, a quien agradezco en todo caso el tono y la longitud de su respuesta. Todo lo que no sea utilizar el propio nombre de modo que se pueda demostrar que lo es, sería, en este medio, anonimato. Y si no permitiéramos a nadie el hacerlo, la verdad es que estos foros se quedarían muy solos. Yo, insisto, no creo decisivo dicho anonimato (si mi nombre no es conocido, qué mas dá que firme con él o no, en este medio). Hay que atender a las ideas y no a las firmas. Y discrepar, si es el caso, de ellas, en lugar de recurrir al ataque personal por falta de argumentos. Por eso "Paco Rico" y el Anónimo que le sigue se descalifican solos, no por su anonimato.

José Luis Piquero dijo...

Efectivamente, esos ataques sobran, firmados o no. Y ya sólo añado lo último, Marinero: no importa si el que firma es conocido o no. Importa que firme. Un nombre puede no decir nada pero implica la voluntad de dar la cara, de dejarse ver, de establecer un diálogo sin subterfugios, de no ocultarse.
Pero no pretendía enredar tanto la madeja. Salut, mes amis!