miércoles, julio 13, 2011

ACIERTA SIEMPRE


De esta crisis, como de las otras, saldremos por... saturación.


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Llamo a esto trabajar. ¿Qué vas a hacer esta mañana?, me preguntan. Trabajar en mis cosas. La diferencia la marca el complemento. ¿No fue Marx quien definió la situación de alienación del hombre respecto a su trabajo? Aquí no: trabaja uno en lo suyo. Que es nada. Trabaja uno en su nada; o, lo que es lo mismo: no trabaja uno nada.


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La esencia del estilo lorquiano, se ha dicho muchas veces, es el uso que el poeta hace de la metáfora elevada a la segunda o tercera potencia: metáforas de metáforas, con las que logra una suerte de feliz transmutación de la realidad. Lo constato ya en algunos textos de su juvenil Libro de poemas. Por ejemplo, en el titulado "Campo", fechado en 1920. Hay metáforas convencionales, obvias, meramente descriptivas, aunque muy bellas: "el papel incoloro / del monte está arrugado". Pero hay también metáforas de segundo o tercer orden: "y la noria materna / acabó su rosario", cuya base es la semejanza entre las cuentas del rosario y los cangilones de la noria, pero en la que el referente último lo proporciona el adjetivo "materna" y el acto de rezar, metafóricamente atribuido a una intuida presencia maternal que preside y sacraliza el paisaje. Lorca ya era Lorca en estos primeros poemas suyos. Y lo siguió siendo, también, y muy señaladamente, en el momento de reconsiderarlos. Por ejemplo, cuando copia, en 1935, el romance "El diamante", perteneciente también a Libro de poemas, introduce en él dos certerísimas correcciones: donde el texto de 1920 decía: "Pájaro de luz que quiere / escapar del universo", el corregido dice: "escapar de(l) firmamento", que es mucho más concreto y expresivo. También elimina cuatro versos que no eran malos, pero sí innecesarios.


Lo que me lleva a mi única visita a la Huerta de San Vicente, en Granada, hace años, en compañía de un poeta de allí, que exclamó, ante la vitrina donde se conservaban algunos manuscritos llenos de tachaduras: "¿Os habéis fijado en las correcciones? Acierta siempre, el cabrón". Y era cierto.  

2 comentarios:

Anibal dijo...

Yo creo que acierta también con la metafora de la noria. Esas norias, llamadas precisamente "de rosario" y que extraen el agua de los pozos con la cadencia con la que un rosario recorre la mano de una madre.

Alejandro Pérez Ordóñez dijo...

Me siento muy identificado en eso de "trabajar en mis cosas"...