miércoles, julio 06, 2011

INTERCAMBIOS

"Mercadillo de intercambio" en la biblioteca pública: llevo uno de los malhadados aspirantes a best-seller que me  mandan algunas editoriales y traigo, a cambio, un librito de Josep Pla que no tenía... Y un disgusto: el de haberme encontrado, entre los libros desechados, una novela mía. 


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En el episodio diario de The Simpsons que veo, como lección práctica de inglés, con C., una parodia de El conde de Montecristo. Y recuerdo cuánto me apasionaba esa historia en mi infancia: las angustias del falsamente acusado y condenado Edmond Dantès, su complicada y casi suicida fuga del castillo de If, la implacable venganza que emprende bajo su nueva identidad... No he leído, sin embargo, la novela de Dumas: me bastaban aquellas ingenuas adaptaciones televisivas -recuerdo al menos dos-, que seguíamos puntualmente y luego comentábamos en los corrillos del patio del colegio, en una época en la que sólo había un canal de televisión y todos veíamos los mismos programas... Más tarde, recuerdo, me impresionó la historia, parecida, de Jean Valjean, el protagonista de Los miserables de Victor Hugo. Y, más recientemente, la de Eugène François Vidocq, que conocí, no en la moderna película francesa, sino en el cumplido melodrama sobre este personaje que filmó Douglas Sirk. Me sonroja un poco mi fascinación por este tipo de personajes folletinescos. Caracterizados todos, eso sí, por un anhelo que reconozco como propio: el deseo, o la necesidad, de forjarse una nueva identidad.


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La maldición de los veranos: el insomnio. Nunca he odiado más a la humanidad que en esas noches en las que un coche con la música a todo volumen rasga limpiamente el velo del primer sueño.  

3 comentarios:

Anibal dijo...

¿Fascinarse por Valjean y por Dantés le sonroja? Uuuyyy... A mi me produciría vergüenza ajena que menospreciara estas obras y personajes. ¿También le avergonzaría fascinarse por Del Dongo o por James Burke?
Si, espero que el destino haga que los de la musiquita acaben sumidos en un sonrojo y en una horrible vergüenza que les lleve a la neurosis y a la autoemasculación traumática.

marinero dijo...

Hombre, odiar a "la humanidad" sólo porque haya burros motorizados parece un poquitín excesivo. Yo no odio a "la humanidad" porque existieran Stalin o Hitler. Y entre éstos y los dichos burros, la elección, creo yo, no es dudosa.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Hombre, si uno no puede permitirse una hipérbole irracional en su diario, ¿dónde si no?