miércoles, julio 20, 2011

VÍSPERAS

Vísperas del nuevo viaje a Madrid, esta vez con C. y un puñado de entradas en el bolsillo para diversos espectáculos y distracciones, a las que sumo el propósito de recorrer una vez más -a primera mañana, con la fresca- los pasos de los personajes de mi novela en marcha. Ningún otro libro mío se ha prestado, y ha respondido tan bien, a este cortejo insistente. Ninguno ha dado tanto juego, aun sin estar terminado. Me duele esa inminencia: hay trabajos, me digo, que es mejor no acabar.


***


Odiosas las comparaciones, sí, pero la mejor manera de afianzar una impresión en el cambiante sistema de nuestras sucesivas apreciaciones y recuerdos. Por eso se me ocurrió ayer, mientras releía con gran placer las páginas previamente desbrozadas de las Canciones de Lorca, que la valía de este libro se entiende mejor si lo comparamos con otros libros señeros de esta primera fase de la Generación del 27. Es, digámoslo ya, tan moderno y elegante como Cántico de Guillén, pero sin sus rigideces y apreturas; y tan ligero y fresco como Marinero en tierra, pero sin el amaneramiento neopopularista. Y que conste que los presuntos defectos que parece que atribuyo a esos dos libros no son tales, sino meros efectos de la comparación con el texto lorquiano. Hay también una cuestión de fondo: la unidad de Cántico y Marinero en tierra es programática: obedece a un designio previo. La de Canciones, en cambio, es orgánica: nace de las afinidades, ecos y recurrencias que el lector termina encontrando en el conjunto, y a partir de los cuales puede permitirse postular un protagonista poemático bien definido. Lo encontramos ya en la suite "Nocturnos de la ventana", muy al principio del libro: un personaje contemplativo, que se enfrenta al mundo desde una cierta reclusión poblada de obsesiones muy particulares ("Asomo la cabeza / por mi ventana, y veo / cómo quiere cortarla / la cuchilla del viento"), y que se muestra a la vez fascinado y temeroso ante la realidad, a la que sabe apreciar en su concreción y, a un mismo tiempo, escudriñar en busca de presagios y símbolos. De ahí la importancia de los poemas que se presentan como meras estampas descriptivas ("Paisaje", "Tarde"), en contraste con esos otros en los que el paisaje se anima con historias más o menos elípticas y cargadas de sugerencias (los dos titulados "Canción de jinete"). El poeta-espectador de esas historias "ajenas" es también el que se erige en contemplador, y a veces incluso en protagonista, de la serie de estampas eróticas que componen la sección titulada "Eros con bastón"; o el que, de vuelta a la reclusión de la que hablábamos antes, compone una estampa del insomnio abrumado en "Malestar y noche" ("Dolor de sien oprimida / con guirnalda de minutos. / ¿Y tu silencio? Los tres / borrachos cantan desnudos. / Pespunte de seda virgen / tu canción. Abejaruco."); o el que, finalmente, se explica a sí mismo en dos poemas que valen como otras tantas poéticas: el que comienza "Sobre el cielo verde, / un lucero verde / ¿qué ha de hacer amor, / ¡ay! sino perderse?", en el que, para evitar la mímesis del poeta con su "angustia", al modo de esa estrella verde sobre fondo verde, el autor propone decorarla "con rojas conrisas"; y el "Soneto" en el que habla de una herida abierta en la que un pájaro enmudecido "tendrá bosque, dolor y nido blando". Preceden estas poéticas las "Canciones para terminar" que cierran el libro y explicitan algunas de sus claves: la que ofrece el poema "De otro modo" ("Llegan mis cosas esenciales. / Son estribillos de estribillos. / Entre los juncos y la baja tarde, / ¡qué raro que me llame Federico!"), o "Canción del naranjo seco", que es un impresionante poema sobre la esterilidad -una de las obsesiones declaradas del poeta-.


Anoto estas ideas a modo de recordatorio, y también como intento pro domo mea de no quedarme con el mero catálogo de aciertos desgajados en el que suelen consistir la mayoría de las apreciaciones de la obra de Lorca. Y sigo.

5 comentarios:

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Buena estancia. A principios de agosto vamos nosotros desde Cabo de Palos por razones familiares, pero esperamos encontrar un hueco al menos para visitar un par de exposiciones. Un abrazo.

José Miguel Domínguez Leal dijo...

Buen viaje, José Manuel, y que te cunda.
Un abrazo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias a los dos. Ya os cuento. Feliz verano.

EMILIO CALVO DE MORA dijo...

Nunca me gustó la poesía de Jorge Guillén. Deben ser las apreturas ésas que nombras, ese esfuerzo absoluto en reducirlo todo, en domesticar las palabras y dar siempre con las más exactas y no, como suelen otros, con las que más convenientes. Lorca es un cielo grande al que uno jamás se acerca, pero lo ve lejano y advierte que le pertenece en su lejanía hermosísima. Me dieron ganas (estos días tuyos de Lorca para arriba y para abajo) en sacar otra vez mi Poeta en Nueva York (mi primer Lorca y todavía mi favorito) y dedicarle una tarde. Dos. Saludos, amigo. Disfrute estival...

José Manuel Benítez Ariza dijo...

De "Poeta en Nueva York" también escribiré algo. Lorca va a ser mi autor de cabecera este verano. A ver qué sale. Un abrazo, Emilio.