domingo, agosto 21, 2011

PASOS DE BAILE

Escribo en la mañana del domingo, lo que es también un acto desacostumbrado. Este agosto marca, definitivamente, un antes y un después. Que las vacaciones coincidan con un descanso efectivo de esas otras obligaciones ajenas a las laborales supone, desde luego, una diferencia. No hay horarios, no rigen las distinciones convencionales entre los días de la semana. Mañana lunes recalaremos de nuevo en la sierra. Por nada, porque sí. Dentro de un rato saldremos a tomar algo. Recién levantado, cuando la ciudad dormía, fui a la gasolinera a reponer la bombona de gas. Entre una cosa y otra, en fin, he tenido tiempo de anotar los nombres de los siete westerns que Budd Boetticher rodó con Randolph Scott, de leer los primeros capítulos de El niño de Samarkanda, de mandarle a J.S.M. el poema que me ha pedido para su revista... Mi rutina de siempre, sí, pero desubicada, espontánea, libre de ataduras. Y lo curioso es que el tiempo casi cunde más de esta manera. Tanto, que casi me estoy planteando saltarme la moratoria que me he impuesto respecto a mi recién terminada novela e iniciar su última y definitiva revisión. Pero no. Prefiero dejar constancia aquí de este estado de ánimo. Y de que anoche, después de ver Melinda y Melinda con M.A. y C., casi esbocé unos pasos de baile, de pura felicidad, al son de unos temas de Jelly Roll Morton...

1 comentario:

Anibal dijo...

Me alegro, me entusiasmo, me conmuevo al ver que no solo es usted feliz, además nos lo cuenta.
Sinceramente de lo mejor que he leído. Entre tanto amargao es reconfortante saber que no está uno solo. Gracias, muchas gracias, de todo corazón. Le abrazaría.

¡¡¡¡¡un poeta feliz!!!!!!!!!!!


De verdad, un ABRAZO