martes, septiembre 06, 2011

ROSTROS


En el Paseo Marítimo, junto a la playa, a primera hora de la mañana, me llama la atención el atronador canto de... los grillos. Pero ¿de qué se alimenta un grillo en una playa?

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Caras nuevas, con todo lo demás que las acompaña: voces, expresiones, historias particulares. Si algo bueno tiene este trabajo, es la seguridad de que cada comienzo de curso trae consigo cierta renovación del paisaje humano. En otro tiempo se hacía uno sus particulares cábalas respecto a las posibilidades que le planteaban estas presencias novedosas. Hoy es sólo curiosidad lo que me lleva a interesarme por lo que traen consigo, por lo que cuentan, por lo que esperan de su nueva circunstancia. Y, sin embargo, encuentro más intensa y mejor fundada esta curiosidad (indiscreta incluso, como el impulso que me llevó a preguntarle ayer a una recién llegada el por qué de su obsesión por conocer todas las combinaciones posibles entre Cádiz y Barcelona) que las expectativas, casi siempre infundadas, de antes...

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Primera sesión de natación, después del verano. El hombro, contraído en una dolorosa tendinitis, producto de la maratón final en la que he resuelto mi novela, parece abrirse y oxigenarse con el esfuerzo, y el resultado es una también dolorosa, pero agradecida, distensión. Este año, ya sin novelas por delante (de momento), prometo tratarme mejor.

2 comentarios:

Elías dijo...

No buscan alimento ahí, José Manuel: con su canto, intentan atraer a las ballenas que a veces varan en las playas.

Un saludo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Es verdad, no había caído.