miércoles, septiembre 07, 2011

DUCHA DIARIA

Escribir implica resignación y, por qué no decirlo, una llamada a la modestia. Lo primero, porque lo que uno alcanza a plasmar sobre el papel está casi siempre por debajo de lo que uno pretendía; y lo otro porque de la necesaria conformidad con esa constatación surge una cierta capacidad de tolerancia hacia las propias limitaciones. A lo sumo, puede uno llegar a sentir lo que el poeta e.e.cummings: "It looks good on the page... but never good enough". O algo así (cito de memoria).

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Tres días recorriendo este camino (excepcional, pues pronto el horario regular de clases me dejará sin tiempo para hacerlo), y ya reconozco a casi todas las personas con las que me cruzo. Lo que implica, en fin, un cierto grado de conocimiento de sus vidas: ya sé, por lo menos, a qué hora se levantan, quiénes trabajan y quiénes no, si charlan con sus acompañantes o van callados, y (por la vehemencia con que algunos expresan sus opiniones) en qué medida desaprueban al actual gobierno... Y más cosas, que no anoto aquí por no violar el tácito pacto de discreción que establecemos incluso con personas a las que ni siquiera conocemos de nombre. La intimidad humana es eso: una convención. Somos transparentes. Y de esa transparencia se nutre casi todo lo que podemos decir de nuestros semejantes.

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Vivir en el mundo de Una hora contigo, la opereta que filmó Lubitsch con la ayuda de Cukor, y en la que contó con las interpretaciones del indigerible Maurice Chevalier y la insustancial Jeannette McDonald... Pero qué deliciosa apología del desliz consentido, que sensación de que todas las mujeres huelen a colonias algo empalagosas mezcladas con polvos de talco, en una época en la que la ducha diaria no se había generalizado aún... Quiero decir que, cuando el protagonista se inclina ante los labios de la mejor amiga de su mujer, uno percibe que la atracción física es real, y que no se reduce al ansia gimnástica en la que se resuelven estos lances en las películas de hoy.

2 comentarios:

E. G-Máiquez dijo...

Cuando leí lo d"el tácito pacto de discreción que establecemos con las personas a las que ni siquiera conocemos", me dije: he de aplaudirle a JM su inteligencia de siempre en este comentario. Luego leí la tercera hoja del trébol y vi también la sutil sensualidad. Qué gusto de entradas.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias, Enrique. Vuelta a la rutina, qué le vamos a hacer.