jueves, septiembre 01, 2011

MELÓN



A las siete en planta, como quien dice. Y no porque tenga que madrugar: los azares horarios han querido que mi primera cita con el trabajo después de las vacaciones sea a las cinco de la tarde, como las corridas de toros. Así que me levanto por solidaridad con M.A., que también se estrena hoy, y para ritualizar un poco mi regreso a mis otras obligaciones, entre las que se encuentra, este septiembre, la revisión definitiva de mi novela en ciernes. Antes, redacto mi reseña de Blanco White, que es el primer texto de cierta extensión que escribo desde hace un mes; y que me sale, me parece, un poco apretado de hechuras, quizá porque he rumiado más de la cuenta mis impresiones de lectura en torno a este personaje; o quizá, simplemente, porque todavía tengo el cerebro y los dedos embotados, después de este largo intervalo sin exigencias. 


Tras la reseña, a este cuaderno, que viene a ser como el patio de recreo de mis sesiones de trabajo. Y vuelta, también, a mis hábitos de pensamiento; porque lo cierto es que, cuando no escribo, me las arreglo siempre para tener la mente ocupada en cosas distintas al libre discurrir de las ideas. Lo que me produce, para qué negarlo, cierto malestar: esa sensación de que, cuando no escribo, a lo que más se parece mi cabeza es a un melón vacío.


***


Sigo sin teléfono móvil. Lo que no sé si, de cara a la reanudación de mis obligaciones, es una ventaja o un inconveniente.


***


Me fascinan los primeros treinta minutos de La actriz, de George Cukor, reales como la vida misma, y más por lo que me toca, porque la familia retratada -un matrimonio con hija adolescente y gato- se parece extraordinariamente, incluso en sus pequeñas cuitas (económicas, conflictos paterno-filiales, etc.) a la mía. Eso sí, haciendo abstracción de que yo no me parezco en nada a Spencer Tracy; y que C. encontraría detestable la cursilería y afectación de la adolescente que interpreta Teresa Wright, y no entendería el nada sutil paralelismo que trazamos nosotros, los adultos, entre las adolescencias de entonces y las de hoy. 

No hay comentarios: