jueves, septiembre 29, 2011

MONSIEUR LE DOCUMENTALISTE

De nuevo empiezo a acumular anécdotas de bibliotecario. Que no traslado aquí en su totalidad porque, después de todo, quiero que esto sea un diario íntimo, y no un dietario profesional. Salvando, claro está, aquellas que, de algún modo, suscitan algún temblor personal en mi automatizado ego de funcionario docente. Por ejemplo, la extraña sensación que me asalta ante la insistente demanda que un chico de quince años me hace de las memorias de Trotsky. Que, por supuesto, no figuran en nuestro catálogo, pero que yo me he apresurado a pedir a una librería; porque, aunque uno haya pasado ya todas esa fiebres, y esté curado de espanto, pienso que lo que no puedo en ningún modo hacer es ahorrarle a nadie ciertos trances. Y el de pasar el sarampión revolucionario -y más, el de la "revolución total" trotskista- no es, creo, lo peor que le puede ocurrir a uno en la adolescencia. Y menos en estos tiempos.


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Y otra: que el resultado de cierto imaginativo "inventario" de la biblioteca que llevo a cabo con los alumnos de francés -que me llaman, por cierto, monsieur le documentaliste- sea, como me dice mi compañera en este trámite, un texto muy parecido a los de George Perec no sé si arroja alguna luz, bien sobre la siempre sorprendente creatividad de los chicos, bien sobre lo previsibles que son los resultados de casi todos los experimentos literarios que llevó a cabo ese escritor francés.


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Trotsky y Perec: más fantasmas a la cuenta del influjo de esa "luna de agosto" -de septiembre, más bien, según nuestro cómputo- de la que me hablaba ayer M.A.

1 comentario:

El Capador de Turleque dijo...

Creo que M.A. se refiere al "Ugetsu" y esto me hace recordar aquella arrobadora e imprescindible obra maestra de K. Mizoguchi que aconsejo buscar ahora mismo a todo aquel que no la haya visto no sea que la pelona le pille por sorpresa en ese pecado mortal.