viernes, octubre 14, 2011

AGRADECIDO

La diferencia entre escribir prosa y poesía bien pudiera ser ésta: al terminar un trabajo en prosa, uno se siente más o menos cansado y, a lo sumo, satisfecho; al terminar un poema -o al creerlo momentáneamente terminado, aun a sabiendas de que esa percepción puede cambiar- uno se siente, además, agradecido.


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¿Cómo retractarse sin poner en cuestión los fundamentos mismos de todo lo hecho hasta ahora? Mejor, aceptar el cambio de criterio como una simple variación del gusto. Y si ahora lo discursivo, en poesía, me cansa, no será porque me parezcan inválidos los presupuestos de buena parte de la poesía que he leído, e incluso alguna de la que he intentado hacer, en los últimos treinta años, sino porque, simplemente, busco el placer y la sorpresa en otros recursos. Más sencillos, quizá. Y más efectivos, digo yo, cuando la mera elocuencia deja de convencer. 


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Si acaso, el esfuerzo que supone la poesía resulta más elegante que la ardua brega de la prosa: se parece más a las divagaciones del ocioso. Pero que uno no sude haciendo unos versos, y sí al pergeñar un capítulo de novela, no significa que le empeño o la energía puestos en ello sean menores.

1 comentario:

J. G. dijo...

personalmente cuando escribo una cosa u otra no me distingo de mí mismo al hacerlo