martes, octubre 04, 2011

CULPABLE

Más apreturas en el autobús. Como se nos va poniendo cara y aires de pobres, la compañía debe de haber creído conveniente tratarnos como a tales. Y así vamos, apretujados y zarandeados, y en alegre promiscuidad, compartiendo secretos -esa chica que lee por encima de mi hombro el libro que yo leo, esas locuras de fin de semana que me llegan fragmentariamente del asiento de delante- y algún que otro roce corporal. Sólo faltan las gallinas y las fiambreras con tortilla de patatas. Aunque todo se andará, porque el bienestar y las sutilezas a él  asociadas son, como muy bien dice Josep Pla en su Viaje en autobús, perfectamente reversibles; y, al igual que él echaba de menos, en 1942, las altas cotas de prosperidad y civilización alcanzadas en 1905 ó 1910, puede que llegue un día en que uno añore, no sé, los niveles de refinamiento y riqueza conocidos en 1990 ó 2000, pongo por caso. 


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También hay un inconveniente aparejado a las labores de bibliotecario: de tanto darles vueltas a los libros, mirarles los detalles de hechura, mancillarlos con tampones entintados y pegatinas, uno acaba infligiéndoles la clase de trato que incluso el mejor intencionado de los sargentos dedica a la tropa.


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Entras a sacar dinero de un cajero a primera hora de la mañana y casi despiertas al hombre enfurruñado que, sentado en el escalón de la puerta, aguarda a que la limpiadora del banco le desinfecte el cubil donde ha pasado la noche. Y, por un motivo que no aciertas a explicar, te sientes culpable de un abuso.

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