lunes, octubre 31, 2011

REALISMO MÁGICO



Silencio de mañana festiva, solamente interrumpido por una feroz pelea de gatos al pie de mi ventana. Se ve que casi todo el mundo anda disfrutando el "puente". Yo también, a mi manera: me he levantado temprano para revisar las segundas pruebas de Ronda de Madrid, que encontré anoche en el correo, a mi vuelta de la sierra. Obligaciones del ocio, diría uno, apelando a esa atenuante para aminorar la evidencia de que las ocasionadas por la literatura son tan absorbentes como las de cualquier oficio. Trabajo a destajo, sí, incluso en el puente festivo. Ya se sabe: Sarna con gusto... Pues eso.


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Inesperada plaga de hormigas aladas. Me las quito del jersey, las barro del patio, las piso por la calle... Y pienso, no sé por qué, en el realismo mágico, y en Macondo...


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Plaga, también, de excursionistas. Pardillos. Ruidosos, impertinentes. Enjambres de niños en torno a despreocupadas madres treintañeras. "¿Tuvimos nosotros alguna vez ese aspecto?", le pregunto a M.A. "Y tanto", me responde. Y me recuerda los sábados de escapada con nuestra hija y unos amigos que tenían otra de la misma edad, los malos ratos de las dos, las peleas de éstas con los niños autóctonos del lugar que visitábamos (casi siempre, los hijos del ventero que nos atendía)... 


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Y este amigo al que encuentro en B., en medio de unas abigarradas jornadas gastronómicas locales. Me alegro de verle, pero me molesta un poco que haya venido hasta aquí -hasta nuestros dominios, por así decirlo- y no nos hubiera avisado. Pero de pronto se saca un bolígrafo del bolsillo y me lo da. "Es el que me prestaste hace unos meses en la presentación de mi libro. Sabía que te iba a ver y lo traía para devolvértelo". Y con esta inesperada prueba de amistad me quedo más contento.

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