viernes, octubre 28, 2011

TEMPORAL

El temporal ha empujado montones de algas a la orilla. Desde esta ventana percibo su olor: una mezcla de césped recién cortado y yodo, con un toque a pescado fresco. Es un dolor estimulante: una especie de poderoso cóctel de esencias naturales, que enardece el ánimo y parece apelar a nuestra postergada conciencia de no ser, en el fondo, más que una mezcla similar de sustancias entreveradas entre sí por un sinfín de reacciones químicas. Se siente uno parte de ese pudridero primordial. Y lo agradece.


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Me leo a mí mismo antes de acudir a este "taller de lectura" dedicado a un viejo libro mío. Y no me reconozco. Y cuando constato que el tema principal de esa colección de relatos era el deseo de ser otro, me veo en la obligación de asentir humildemente. Es lo que tienen los deseos: casi siempre se cumplen.


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Sigo sin tiempo para nada. En eso también se cumple, de manera perversa, ese antiguo deseo de no ser quien se es: sin mi tiempo, no soy yo.

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