viernes, noviembre 18, 2011

BONJOUR, MONSIEUR BENÍTEZ

Mientras espero para cruzar el semáforo, veo acercarse a esta amable compañera con la que no hablo mucho, pero con la que tengo un trato relajado y cordial. A ella tampoco parece incomodarle la circunstancia de que este encuentro nos obligue a recorrer juntos las pocas decenas de metros que nos separan de nuestro lugar de trabajo. Me saluda con una sonrisa a la que yo correspondo. Y como la veo embutida en un gran chaquetón y con el cuello del mismo levantado hasta cubrirle las orejas, le digo:


-Se nota que ya hace más frío.


A lo que ella, sin abandonar la sonrisa, responde con inusitada viveza, como si el comentario realmente mereciera ese gasto de conversación:


-No, esto todavía no es nada.


-Sí, lo peor está por venir.


-Lo malo es esta calle, tan desprotegida...


-Sí. Aquí, si llueve y hace viento, de nada sirve un paraguas. La verdad es que a este edificio tendrían que haberle puesto la entrada por detrás.


-No te creas. Yo a veces vengo por la calle de atrás en los días malos y también me quedo empapada.


-Ya.


Nos despedimos en el vestíbulo. Se dirige cada uno a sus quehaceres. Y queda en el aire, como inauguración de la jornada, este intrascendente intercambio verbal. Que, sin embargo, dice mucho de nuestra condición, de nuestras silenciosas y puede que inconscientes elucubraciones sobre nuestro lugar en el mundo y sobre las calculadas estrategias con las que resolvemos nuestras acciones más insignificantes. Y, también, sobre nuestra necesidad de acogernos, aunque sea durante unos minutos que fácilmente podrían haberse resuelto con un educado silencio, a este atisbo de sociabilidad precaria, pero imprescindible. 


A la salida, seis horas y media después, coincido con otra compañera. Bromea:


-Te estaba esperando.


-Ya, me lo temía.


-Desde las once -a esa hora, yo le había solicitado una aportación a cierta tarea que ando preparando-.


-Ninguna mujer me había esperado tanto.


Y así, hasta la esquina, donde nos despedimos hasta el día siguiente. 

2 comentarios:

Anibal dijo...

No me engaña usted, Sr Benitez. La charleta seria insustancial si en lugar de compañeras fueran compañeros sus interlocutores. De todas formas y obviando ese contenido altamente sexual, me ha recordado aquel temazo de los 70 que decía aquello de
"Hola Don Pepito, Hola Don Jose"
Un saludo...Don Pepito.

E. Cabello, "Las Cumbres" de Ubrique dijo...

Pues a mi me ha recordado -lo siento mucho- a una espantosa canción del método de francés que se llama "Vive la politesse" y que hace que durante unos minutos nos digamos:
- "Bonjour Madame Calatrava, comment allez-vous?
- Très bien Monsieur Zubieta, merci beaucoup et vous?"
Siempre que la oigo y hago que todos repitan esas charlas tan corteses, pienso en lo útiles que son las palabras para que todos rompan el hielo en los primeros días del curso.