lunes, noviembre 07, 2011

HUMO



La paleta de colores de este atardecer: la de Corot. Cielo despejado, casi blanco; luz amarilla; verdes frescos, de hoja nueva o limón sin madurar. Tonos firmes, asentados, como de tierras bien drenadas que la lluvia hubiese meramente refrescado y limpiado, sin estridencias ni devastaciones. Todo un  manifiesto, se diría, que uno está dispuesto a suscribir, pese a tanto ruido de fondo empeñado en contradecir lo que el paisaje y la estación afirman con claridad meridiana.

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"Y tú, ¿qué vas a votar?", me espeta a bocajarro este buen amigo en la sobremesa de la cena compartida. Le digo lo que él ya seguramente sabe: no a éstos, desde luego, ni a estos otros... En cuanto al resto del elenco... ya se verá. Pero el ánimo no anda predispuesto precisamente a las delicadezas del voto. ¿Cómo expresar la desafección absoluta? Y sin contradecir la propia naturaleza de uno, con la que tampoco casan bien las veleidades nihilistas.

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Lo que es una suerte es que este fin de semana nos acompañe mi amiga, la traductora de Carroll. El mundo peculiar de este autor se mezcla con nuestras conversaciones. "De poder elegir, ¿qué personaje de Alicia en el País de las Maravillas serías?". Descontando a la propia Alicia, claro. Juegos de niños, mucho más interesantes para animar la sobremesa que el tipo de conversación política que anotaba antes. Y que también te ponen en un compromiso. ¿Quién sería yo? La prudentísima oruga, con su punto agorero y su afición al tabaco, que es una manera de convertir en humo el propio pensamiento cargado de razón.               

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