miércoles, noviembre 16, 2011

WHO'S AFRAID OF...?

Leo repetidos mensajes sobre la conveniencia y  necesidad de votar, para evitar que las abstenciones acaben favoreciendo a los partidos mayoritarios, que gracias a ellas ven engordada su cuota porcentual sobre el voto realmente emitido. Y una voz gamberra me susurra al oído: ¿y el voto nulo? -entendiendo por tal el que se emite previamente invalidado con algún improperio u obscenidad referida a la totalidad del sistema o la clase gobernante-, ¿cómo cuenta el voto nulo? Que, ante la bochornosa campaña electoral, vacía de argumentos, es el que realmente apetece emitir.


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Me señala un buen amigo la reiteración en este cuaderno de comentarios referidos al tiempo atmosférico. Tiene razón. También era un tema frecuente en mi ya fenecida columna periodística -que ahora algunos me dicen echar de menos-. Resulta contraproducente admitirlo: el tiempo es el asunto del que hablan quienes no tienen nada que decir. Puede que sea mi caso. En mi descargo, puedo decir que esas observaciones nacen de un hábito propio muy arraigado: el de calibrar mis expectativas respecto al día según el semblante con el que amanece el cielo. En alguna pasada época sombría, antes de iniciar la penosa jornada que me aguardaba, refrescaba la vista y el ánimo con una larga contemplación del paisaje: el perfil marítimo de la ciudad  curvándose hasta casi abrazar  el horizonte, la propia línea en la que se unían mar y cielo, el color de ambos. Después de esto, me decía, que venga lo que me echen.


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Como ejercicio de masoquismo vemos mi mujer y yo Quién teme a Virginia Woolf, la versión fílmica de la obra de teatro de Edward Albee. Me fascinan, como siempre, las interpretaciones desaforadas de Elizabeth Taylor y Richard Burton. Hasta dónde puede llegar el afán de aniquilación mutua en un matrimonio. Al lado de estos dos, los personajes que interpretan Michael Douglas y Kathleen Turner en La guerra de los Rose resultan incluso cándidos.

2 comentarios:

Olga Bernad dijo...

Además de que tu costumbre personal me parece una buena manera de empezar el día, el tópico del tiempo es algo a considerar muy seriamente. Qué sería de la vida sin esos convencionalismos amables que nos auxilian con dignidad cuando nada hay que decir pero queremos reconocer la presencia del otro: ascensores, autobuses, colas del súper y todos esos espacios hechos de tiempos muertos (que al final son muchos en la vida). Hay que estar en la primera adolescencia para no valorar esas cosas... y yo estoy ya comenzando la tercera;-) Me encanta, por tanto, que me hablen del tiempo, sobre todo si lo hacen tan bien como usted.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias, Olga. En la entrada de mañana reflejo una de esas conversaciones sobre el tiempo, tan gratas en según qué casos.