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El famoso y ya archicitado prólogo de Chaves Nogales a la colección de novelas cortas que tituló A sangre y fuego: "Yo era eso que los sociólogos llaman 'un pequeño burgués liberal', ciudadano de una república democrática y parlamentaria...". En el preámbulo se intuye ya lo que sigue: una declaración de decepción. En su caso, la causa de ésta fue el fracaso de la segunda República, y la consiguiente guerra civil. Pero cabría -al fin y al cabo, ésa es la función de la literatura- extrapolar esa lectura a otras realidades más amplias. Por ejemplo, a la cabal decepción que todo hombre maduro puede sentir ante el desmoronamiento de sus ilusiones. Todo hombre maduro al que hayan intentado inculcar, en los años cruciales de su formación, un ideal ciudadano. El nuestro, ya se sabe, fue el enunciado en los años de la Transición: la confianza en un futuro de estabilidad y progreso, equiparable al que disfrutaban otras naciones europeas. Ahora ese ideal está en cuestión. Y sólo nos cabe intuir qué literatura de hombres decepcionados saldrá de eso.
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El sol de invierno es gratis. Sería muy mal síntoma que este año se prodigara poco.

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