martes, noviembre 29, 2011

UN JUEGO PELIGROSO

Hojeo Un juego peligroso, la antología de Francisco Bejarano que acaba de publicar la benemérita Isla de Siltolá. No incluye el habitual apartado dedicado a "poemas inéditos en libro", lo que da a entender que Bejarano, fiel a su costumbre, no ha escrito ningún poema desde la publicación de su último libro, El regreso, de 2002. En el mundo de los poetas en activo, siempre celosos de reafirmar su presencia en ese evanescente mercado de vanidades, es rara esta franca declaración de aparente sequía poética prolongada durante diez años. Pero, como dice bien el prólogo que José Julio Cabanillas ha hecho a esta antología, Bejarano es de los que escriben poesía a su pesar, sabiendo que cada poema nuevo no hace sino ahondar la fosa entre la vida vivida y esa otra existencia ilusoria que depara el ejercicio de la poesía. Leo estos poemas desolados y certifico la desconcertante coherencia que mantienen en los veinticinco años que separan los primeros de los últimos. Coherencia que se extiende también, suponemos, a los diez años de silencio suplementario que, de alguna manera, quedan también recogidos en esta selección. 


Sin embargo, quienes hemos conocido y tratado a Francisco Bejarano a lo largo de todos estos años podemos añadir a estas evidencias una realidad no menos indiscutible: el hecho de haber encontrado en este poeta lúcido y desilusionado a un activista entusiasta, capaz de poner en pie y sacar adelante un buen número de iniciativas en las que otros escritores más jóvenes, entre los que me incluyo, hemos velado nuestras primeras armas literarias. Sin el entusiasmo y la ilusión de este hombre desilusionado, en efecto, cabe preguntarse qué habría sido de iniciativas como las que dieron lugar a las revistas Fin de Siglo y Contemporáneos, o la que se materializó en el ciclo de lecturas de poetas jóvenes e inéditos que dio lugar a la antología La poesía más joven, que editó Qüásyeditorial en 1991. Con estos proyectos, Jerez, la ciudad natal del poeta, fue en los años ochenta y buena parte de los noventa, el núcleo de un eje poético cuyos extremos eran Sevilla y Cádiz, respectivamente, pero que contaba con extensiones o ramificaciones que llegaban a Granada, Córdoba o Málaga, y cuya vitalidad se manifestó, en esos años, en un sinfín de revistas, suplementos literarios y colecciones de libros de poesía. 


Sin todo este despliegue de actividad por parte de este gran apático, muchas vocaciones poéticas en ciernes se habrían fatalmente agostado por falta de caldo de cultivo adecuado. No es mal legado. Si a eso, además, añadimos las cinco colecciones de poesía (cuatro libros más una plaquette) antologadas en esta novísima publicación que tengo ahora entre las manos, cabe concluir que pocas trayectorias literarias habrán sido más fecundas. Otros habrán emborronado más papel y hecho más ruido. Pero, en definitiva, no es eso lo que cuenta. 

2 comentarios:

E. G-Máiquez dijo...

Amén

José Luis Piquero dijo...

Totalmente de acuerdo. Excelente poeta y excelente persona, Bejarano.