viernes, diciembre 30, 2011

ACORDES



El sol que incendia las ventanas altas.


El salto simultáneo de tres peces en la orilla. (Y el entrecruzamiento posterior de sus respectivos juegos de ondas concéntricas.)


La belleza incontestable de algunas madres jóvenes.


El hecho de sentirte en otra ciudad, y en otra latitud, simplemente por tener las orejas y la punta de la nariz heladas.


La sorprendente irrupción de un extraterrestre: este empleado municipal que, con su traje fluorescente y su máscara de seguridad, se nos acerca amenazadoramente, enarbolando una podadora mecánica.


La vendedora de sombreros.


La gaviota joven que todavía no ha mudado su plumaje gris.


El zumo de naranja, como un ascua en tu mano.


La posibilidad del milagro en las tiendas de todo a cien.


El olor a paraíso de las panaderías.


La bajamar y el secreto de su botín de agua escondido en alguna parte.


La conciencia, ese peso.

7 comentarios:

Anibal dijo...

Mmmm ¡Delicioso!
FELIZ AÑO, Maestro.

RM dijo...

La sorpresa acostumbrada de este diario.s

Juji dijo...

Cuantos instantes y situaciones... me quedo con el "olor a paraíso de las panaderías" :)
Feliz 2012!

Sara dijo...

Qué buen final. Feliz año nuevo.

Olga Bernad dijo...

Es verdad: delicioso.

Mabuse dijo...

Parece que te ha poseido el espiritu de Shei Shonagon.

Enrique García-Máiquez dijo...

El zumo de naranja, qué ascua. Gracias mil.