sábado, diciembre 31, 2011

DISPEPSIA

Hablando de esto y de lo de más allá, en la sobremesa, este amigo nos hace esta revelación sorprendente: dice ser descendiente directo, por vía femenina, de la hermana del mariscal Bernadotte, general de Napoleón y fundador, por uno de esos accidentes de la política europea de entonces, de la dinastía hoy reinante en Suecia... Inmediatamente bromeamos sobre la urgencia de hacer valer sus derechos a ese trono. Tal como están las cosas en las monarquías europeas, decimos, quién mejor que tú para desempeñar honrosamente ese puesto. Otro que no fuera él ya habría removido cielo y tierra para hacer valer su derecho a tratar como pariente al  actual monarca sueco. Y alguno incluso se valdría de ese parentesco para efectuar algún que otro pingüe negocio... Él no, desde luego. Cuando la curiosidad, hace años, le llevó a recalar en la decrépita casa-museo que la ciudad de Pau dedica al viejo mariscal, el encargado le rogó encarecidamente que le hiciera llegar el árbol genealógico de esa anónima rama de la familia. Sa majesté le roi de la Suède, le dijo, estaría encantado de conocer ese dato inédito. Pero nuestro amigo no se tomó la molestia de poner su parentela por escrito. Para qué. Si acaso, bromea con el parecido que su nariz aguileña y sus ojillos desconfiados y curiosos le prestan con los retratos que se conservan de su lejano pariente.


El mundo es a veces muy raro.


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Lo que me hace acordarme, por esos vericuetos de la memoria, de aquella estudiante madrileña que me juraba, en alguna descabalada noche de los ochenta, que su familia conservaba el derecho a heredar no sé qué títulos de nobleza, siempre que pagara los elevados impuestos que gravan esa clase de transmisiones. Y resultaba extraña esa declaración de aristocracia venida a menos, en medio del general desamparo en el que nos veíamos todos en esos años. Aquella duquesa, recuerdo, podía darse por contenta si ese día llevaba en el estómago una buena ración de macarrones. Y en las salidas nocturnas invariablemente se hacía invitar. Por esa vía, la modernidad madrileña de entonces se mostraba conmovedoramente... galdosiana.


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Dispepsia en vísperas de la nochevieja. Para terminar de digerir el dichoso año que se va hará falta , me temo, una buena dosis de bicarbonato.

1 comentario:

Charo Mora dijo...

Pues ni te cuento, que medicamento vamos a tener que tomar para digerir el que acaba de comenzar, querido amigo