jueves, diciembre 29, 2011

EN LA RADIO

En la radio, dentro del magazine vespertino, el consabido espacio de libros. Lo vamos oyendo en el coche. Normalmente cambiamos de canal, para no aburrirnos. Pero esta vez, por curiosidad, lo dejamos. Hay que decir que la conductora del magazine es una profesional curtida, de ésas que cree que el secreto de la radio consiste en hablar con idéntico entusiasmo, y con las mismas expresiones estereotipadas de asombro, del último disco del cantante guapito de moda y del último premio Nobel de física. El especialista en libros, o así, que ahora la acompaña es de la misma escuela; si acaso, a la arrebatada dicción de su compañera cree necesario oponer una entonación amanerada y campanuda, en consonancia con la categoría de la noble materia de la que se ocupa. Y así, en menos de cinco minutos, enumera una docena de títulos de novelas absolutamente geniales, fascinantes, bien construidas,  "de las que te atrapan desde la primera página". Y de las que, todo hay que decirlo, no puede uno sustraerse a la hora de decidir qué libros regalar por estas fiestas. Su acompañante corrobora de vez en cuando: "Desde luego, es un novelón". Lo que no dicen, y quizá ni siquiera sospechan, pese a llevar años pregonando el género, es que nadie se acordará de ninguno de estos títulos dentro de unos meses; ni siquiera sus editores, que harán guillotinar el remanente de la edición en cuanto empiecen a llegarle las primeras devoluciones. 

No sé por qué me deprimen estos programas. Quizá, sospechará más de un lector de estas notas, porque no hablan de mis libros. Pero no es eso: cuando lo han hecho -alguna vez- también me ha parecido que hablaban de algo que tenía muy poco que ver con la literatura, y sí, en el mejor de los casos, con la exhibición de monstruos de feria -qué otra cosa es un señor que se pasa meses emborronando cuartillas para ocupar por unas semanas un puesto en las atestadas mesas de novedades de las librerías-; y, en el peor, con la simple publicidad de artículos perecederos, cuya condición desmiente crudamente las ilusiones y expectativas que uno, ay, abriga respecto al género. 

Y quizá a esto se reduzca todo: a una mera cuestión de expectativas desmentidas.
  

2 comentarios:

José Miguel Ridao dijo...

Yo, con estas cosas, siempre me he preguntado si para un escritor sería posible simultanear literatura "de calidad" con otra más ligera como medio de ganarse la vida (si es que tiene la suerte y la habilidad para ello). Sería una manera tan digna como otras (pienso en la enseñanza actual) de comprar tiempo para dedicarlo a la creación. Seguramente las críticas de los pares serían feroces, pero, al fin y al cabo, ¿qué mas da?

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Supongo que sí, y hay ejemplos. Pero más interesante es el caso del autor que, sin practicar ningún tipo de transformismo, llega simultáneamente a públicos diversos. Pienso en los novelistas del XIX, o en los dramaturgos del Barroco. Hoy quizá ese caso sólo se da en el cine.

Pero mi comentario no iba tanto dirigido a las estrategias del autor como a la perplejidad que un lector más o menos exigente puede sentir ante lo que los medios publicitan como "literatura".