viernes, diciembre 23, 2011

RECADOS

La duda que me asalta siempre que este cuaderno se extiende durante demasiados días seguidos sobre cuestiones exclusivamente literarias: si no me estaré dejando fuera lo verdaderamente importante. La sensación contraria, en cambio, casi nunca se da. Es como si la vida tomada tal cual es no necesitara las compensaciones y complementos que sí requiere la literatura. Pero ¿acaso la mera existencia -y persistencia- de la literatura no demuestra todo lo contrario?

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Dos, tres veces cruzo la mirada con esa desconocida en el supermercado, ante el mostrador de la charcutería. Y ella se da cuenta, lo que me pone en una situación ligeramente incómoda. Y el caso es que el motivo de esas miradas cruzadas no es otro que mi posición, que me obliga a mirar en esa dirección, porque en la contraria no hay otra cosa que un enorme espejo que me devuelve mi propia figura, entre cartelas publicitarias y montones de fruta... Así que, por no tener la mirada fija exclusivamente en las operaciones del charcutero, que se toma su tiempo para cortar un poco de jamón, giro un poco la cabeza y... tropiezo con los ojos de la desconocida, que me está mirando, y que vuelve inmediatamente la cara. Así varia veces, hasta que, en una de esas miradas, veo que la extraña ha desaparecido como por ensalmo. Por pura curiosidad doy un paso hacia atrás, por si alcanzo a verla alejarse por el pasillo. Y lo que ocurre es que la tenía a mi espalda y tropiezo con ella.

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Esa hilera de abriguitos infantiles colgados de una barra en la tintorería. Niños a los que han puesto en fila para administrarles un castigo.

2 comentarios:

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

Qué delicia este dejar escrito lo vulgar, lo que no se apresta a lo más hondamente literario. Y es mentira. La literatura, la buena, amigo José Manuel, está en los primores de lo real, como escribía otro. Está en lo que se ve a simple vista y que, sin embargo, no se entiende a la primera. Lo de los abriguitos es greguería.

Aparte: pase usted una muy feliz navidad con los suyos. Sea feliz en todo a lo que se entregue. No dudo que pondrá empeño.

Anibal dijo...

Hoy tenia usted el talante un poco perverso, un poco iluso.