viernes, diciembre 02, 2011

SIN OTRO DESEO

Sin otro deseo que el de dormitar. Agotamiento físico y anímico, que no necesariamente equivale a descontento o infelicidad. La noche anterior fue de insomnio, alimentado por las emociones de la tarde previa. Si no fuera por lo altisonante de la declaración, diría uno que ese nerviosismo estaba en relación directa a la responsabilidad contraída. Remataba uno un trabajo importante, sí. Pero, así y todo, cabe hacerse esta pregunta: ¿responsabilidad ante quién?

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"La crisis nos barrerá a todos", afirma RM, con una cerveza en la mano. "Quiero decir, a todos los escritores que jugamos en las ligas menores". Pero esa constatación pesimista debería ser, pienso, un motivo de orgullo añadido. El escritor menor, desconocido, sin público, como un lujo que sólo las épocas afortunadas pueden permitirse. 

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También K. parece más calmada. La presencia estos días de un invitado en casa la tenía alterada. A las amabilidades de éste respondía con bufidos. Pero, a diferencia de otros gatos, no optó por dejarse ver lo menos posible mientras durase la visita. Por el contrario, una especie de curiosidad inevitable la empujaba a rondarlo, a acecharlo constantemente, como si el motivo de su desazón no fuera que repudiase los intentos del extraño por ganarse su confianza, sino la necesaria afirmación de que, en ese cortejo, la iniciativa correspondía exclusivamente a ella.

3 comentarios:

RM dijo...

No, pesimista no: realista. En el fondo, a los que vamos de francotiradores de todo esto nos da igual. Y hasta nos asegura mayor libertad creativa: escribir a nuestro aire siempre. La tristeza será tener los libro en el disco duro.

César Romero dijo...

Aunque no es este el lugar, y este comentario no es para ser publicado, dado que no encuentro otro sitio lo dejaré aquí.
Sólo decirle (o decirte) que RdMadrid me ha encantado.Me parece el mejor libro de la trilogía, y en general la trilogía me parece excelente. No recuerdo una recreación tan certera, tan verdadera de ese tedio, esa desorientación en que se sumerge la vida durante la adolescencia y la primera juventud. Los tiempos muertos de esas edades, tan largos, están contados con una rara habilidad. Así como el ambiente, los ambientes, de las pandillas o grupos juveniles, no desde la pandilla, que eso está muy gastado, sino desde el integrante de ellas que es todo joven y a veces, muchas veces, se pregunta qué hago yo aquí. Y eso, en 3º persona, tiene más mérito aún.
Por otra parte, la narración de esos años también me parece logradísima, verdadera: las pijas ladronas, el runrún etarra de fondo (como en Vida nueva aquella "veta" paraterrorista de ciertos sectores gaditanos), la esencial casposidad de la vida española pese a la CEE y la tan cacareada movida.
Enhorabuena, de verdad, porque he disfrutado mucho con este libro. Con toda la trilogía.
Y hay páginas -las del paseo por el Rastro, las del viaje en el tren, las de la ronda por los bares- de una belleza literaria encantadora: sin subrayar nada van encantando, subyugando (y perdón por el verbo, que parezco Tennessee Williams...).
En fin, muchas gracias por esta novela.
Y, por cierto, ¿qué fue de aqeullos bosques sumergidos?
Un saludo.
CR

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Gracias, César. Me alegra encontrar lectores que tengan una visión global de la trilogía y aprecien su sentido. A lo mejor violento un poco tu discreción, pero me atrevería a sugerirte que copiaras tu comentario en la página de la editorial, donde podría ser de utilidad a otros lectores.
Un saludo.