viernes, enero 13, 2012

ARCADI Y CHAVES

Nuestro admirado Arcadi escribió hace unos días sobre el maestro Chaves Nogales, a propósito de la reciente publicación en libro del casi perdido reportaje seriado de éste titulado La defensa de Madrid, originalmente publicado en la prensa mexicana entre agosto y noviembre de 1938 y referido a lo acontecido en la capital a partir de noviembre de 1936, fecha de la llegada de las tropas rebeldes a sus alrededores y del comienzo de la "batalla de Madrid" propiamente dicha.


Y esta vez, miren por dónde, discrepamos de Arcadi. 


En esas fechas, le reprocha el periodista de hoy al de ayer, "el maestro Chaves no estaba allí". Porque, como el propio periodista sevillano se encargó de proclamar urbi et orbe en el ya célebre prólogo que antepuso a A sangre y fuego, "cuando el Gobierno de la República abandonó su puesto y se marchó a Valencia abandoné yo el mío. Ni una hora antes ni una hora después". Desde luego, es bastante improbable que, como sugiere María Isabel Cintas, la pulquérrima editora de este reportaje rescatado del limbo de los textos inencontrables, Chaves volviera ocasionalmente a Madrid en las fechas a las que se refiere su reportaje. Pero eso no resta ni un ápice de valor a su texto, ni mucho menos a la clarividencia -con un toque de honrosa pasión cívica- con que su autor juzga hechos, circunstancias y personas. Los meses que Chaves pasó en Madrid entre el 18 de julio de 1936 y el 6 de noviembre del mismo año le bastaron para hacerse una idea bastante clara de la pérdida del control de la calle por parte del Gobierno, de la desorganización inicial de la defensa de la capital y de lo que supuso, por tanto, la labor tenaz del general Miaja  para frenar el avance de las tropas rebeldes. Con ese conocimiento de primera mano, Chaves recrea la situación empleando los mismos recursos que en El maestro Juan Martínez que estaba allí, su libro sobre la revolución rusa: noveliza sobre testimonios de primera mano, en aras de una eficaz transmisión de la verdad periodística. 


Pero lo importante en esta cuestión no es discutir la idoneidad o no de los recursos que Chaves decidió poner en juego, sino algo mucho más importante, a mi juicio: la posibilidad misma de escribir crónicas como éstas en el escenario de los hechos. Cualquiera de las crónicas recogidas en La defensa de Madrid contiene afirmaciones que, de haberse hallado Chaves en la capital sitiada, le hubieran valido un "paseo" al amanecer. No estaba la cosa para bromas. Y al liberal Chaves, que tenía muy clara la catadura de los dos bandos en liza, y lo que suponía la pérdida efectiva de la autoridad de la República sobre las milicias teóricamente encargadas de su defensa, no le quedaba otro remedio que poner tierra por medio si quería seguir gozando de la posibilidad de decir lo que pensaba. 


Por ello, este reportaje no sólo no se resiente por haber sido escrito a distancia de los hechos, sino que debe su razón de ser precisamente a esa distancia. Y parece mentira que sea precisamente Arcadi Espada, debelador de tantas supersticiones del periodismo moderno -entre ellas, el mito "presencial", por el que ciertos medios creen ganar credibilidad por el mero hecho de instalar a un periodista confortablemente en el hotel de cinco estrellas más cercano a los acontecimientos-, quien haya puesto en cuestión la valía de este libro excepcional.

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