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La época que acaba de abandonarnos es siempre como un sueño al despertar por la mañana, algo increíble y como ocurrido siglos atrás.
se une un cierto sentimiento de que tales ideas le salen a Chesterton con demasiada facilidad, casi en torrente, y son tan agudas y brillantes que una inteligencia media puede apreciarlas, por supuesto, pero no asimilarlas del todo en su abrumadora abundancia, y mucho menos incorporarlas a la propia manera de entender el mundo. En ese sentido, entiendo a Borges cuando declara sus dudas respecto a la capacidad de Chesterton de lograr conversos para la ortodoxia que defiende con tanta brillantez. A lo sumo, logra entusiasmar a los ya convencidos. En eso, como en tantas otras cosas, Chesterton tiene la ambivalencia del sofista. Pero qué sofista.
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A más de un contestatario de nuevo cuño que yo me sé habría que decirles, en nombre de esas mismas causas con las que dicen solidarizarse, lo que Jesucristo al joven rico: "Reparte todo lo tuyo entre los pobres y sígueme". Y eso bastaría para que agacharan la cabeza e hicieran mutis por el foro, en dirección a sus apartamentos bien amueblados, a sus caprichitos de entendidos y gourmets, a sus bien agarradas prebendas, a sus despachitos.

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