martes, enero 10, 2012

PRESENCIAS



Anoto aquí la emoción que me causa  "Presencias", uno de los relatos que componen el libro Zona de incertidumbre, de Antonio Serrano Cueto. Me atrapa desde el principio su atmósfera, que es la de una casa de vecindad (Antonio la llama "casa comunal") muy parecida a las dos de la gaditana calle Arbolí en las que pasé mis primeros cinco años de vida, o a la de la calle de la Merced donde vivían mis abuelos. Y no me conmueve sólo porque sus menciones a la cocina común, al retrete compartido y a los ratos de forzosa convivencia entre los vecinos coincidan con toda exactitud con mis recuerdos de esos años, sino porque el autor tiene el raro acierto de derivar de esa atmósfera -evocada en términos diríamos "realistas"- el elemento fantástico con el que articula y resuelve su cuento. Nada más natural -ni más asombroso, para quien sepa sorprenderse de lo milagroso cotidiano- que el fenómeno de sugestión colectiva en el que se basa el relato. En él no es necesario siquiera el principio de suspensión de la incredulidad del que parten muchos otros cuentos de la colección. Su ingrediente "fantástico", diríamos, se deriva de su fidelidad a la realidad. Lo que no es frecuente ni fácil, desde luego.


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Todos me besan o me dan la mano para felicitarme por el año nuevo en este primer día de trabajo después de las vacaciones. Y todos añaden algún parabién. Menos este compañero que, al estrecharme la mano, me dice: "Lo siento".


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Y, ya que hablábamos de fenómenos de sugestión colectiva,  es curiosa la facilidad con que se ha extendido una especie de conformidad con las penalidades que nos esperan. En clase, para forzar unas pocas frases en inglés, pregunto a los alumnos por los propósitos que ellos y sus allegados han formulado para el año nuevo. Y me llama la atención el que muchos ponen en labios de sus padres: gastar menos.  

2 comentarios:

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Muchas gracias, José Manuel, por tu comentario. Por lo que veo, también compartimos recuerdos de ese tipo de viviendas, llamadas hoy "infrahumanas" por razones obvias, pero mucho más humanas que los bloques de pisos. Un abrazo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

No hay que idealizarlas, por supuesto. Pero lo que es evidente es que no podemos renunciar a ciertas "presencias" de nuestra educación sentimental. Un abrazo.