martes, enero 31, 2012

ZEN

Tendría que haber indicadores gráficos del silencio, y que fueran más expresivos que el mero espacio en blanco -del que tanto abusó, hasta llegar a la autocaricatura, la llamada "poesía del silencio"-. Que este cuaderno, por ejemplo,  fuera un diario zen, lleno más de resonancias que de enunciaciones, más atento a la escucha que a imponer sus palabras. Tiene uno ese ánimo a veces. Pero también ha aprendido uno a desconfiar de esa forma de la pedantería consistente en callar para aparentar inteligencia o una insondable vida interior, ajena al ruido de este mundo. Así que más vale aplicarse a construir, palabra tras palabra, el pobre sonsonete propio, antes que acogerse a ese privilegio de la duda del que tanto abusan los silenciosos.  


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Dentro de ese sonsonete, la cantinela de los achaques. Mi garganta, quebrada otra vez. Los malestares aparejados a esos recurrentes colapsos de las ventilaciones de uno. La sospecha, en fin, de que cuando los bronquios, la garganta o la nariz andan reñidas con el medio al que deben la razón de ser, el malestar no es solamente físico.


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Gestionar lo de uno. Nada más aburrido ni, en cierto modo, humillante. Mejor ser como esos manzanos de los huertos abandonados, que todos los años dan cosecha nueva mientras la del anterior se pudre en el suelo.


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Sí, decididamente la poesía. El único género literario en el que el público, aunque bienvenido, no es en absoluto necesario.

1 comentario:

Rafael dijo...

La palabra es la que manifiesta nuestra humana condición, como bien sabía Aristóteles. El problema es que se use para cacarear, como bien saben hacer en tantos ámbitos mediáticos.