miércoles, febrero 01, 2012

MI SINO

Ni del todo enfermo ni del todo sano. Ni lo uno ni lo otro. Ni fu ni fa. Es mi sino.


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El buen humor de Unamuno en algún que otro pasaje de su Por tierras de España y Portugal. Pero se le adivina forzando un poco la pose, como diciendo: "¿No decíais que soy un profesor huraño y cascarrabias, cargado de filosofías librescas? Pues aquí me tenéis, andando por el campo y durmiendo al raso". Pero juega al escondite. Como cuando presume de haber burlado la curiosidad de cierto fraile que se queda con las ganas de saber quién es ese excursionista que presume de conocer al dedillo las Florecillas de San Francisco... En realidad, lo que está haciendo es castigarlo, por no saber que ese viajero tan erudito no era otro que... Miguel de Unamuno.


Y es que, incluso en los viajes, el fardo que más pesa es el ego.


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Dorothy Malone. La recordamos casi siempre en sus papeles excesivos -la mujer cínica y permanentemente insatisfecha que interpreta en Escrito en el viento o Ángeles sin brillo-. Pero hay que verla en El último atardecer, el western de Robert Aldrich: la de siempre, sí, pero como si hubiese domeñado sus tempestades interiores y hubiese sabido disimularlas bajo una máscara de aparente plenitud madura. Y casi lamentamos que la función de Kirk Douglas en esa película no sea otra que desbaratar esa máscara. 

1 comentario:

Rafael dijo...

¿Y no hay en todo el que escribe una cierta pose, un algo de exhibicionismo?

(Por cierto, Dorothy Malone un bombón).