lunes, marzo 19, 2012

EL MIRLO

Es una frase corta, de no más de diez sílabas, creo, suponiendo que el canto de un pájaro pudiera dividirse en sílabas -aunque éste articula con tanta precisión y claridad que su canto casi podría transcribirse-. Y termina en una especie de coda ascendente, como en tono interrogativo. Lo oímos a la hora en que solemos despertarnos los días laborables. Las paredes del pequeño patio cuadrangular hacen de caja de resonancia. Se ve que a él también le gusta oírse: repite su frase lo menos diez veces, siempre idéntica a sí misma, siempre igual de clara, siempre dejando en el aire la misma pregunta sin respuesta. Luego se va, tal vez porque mi mujer se ha levantado y ha encendido una luz. 


A media mañana, mientras paseamos, nos parece oír una frase parecida al pie de unos arbustos, junto a la carretera. En esto lo vemos aletear y elevarse sobre la mínima espesura. Es un mirlo. Vemos luego otros aquí y allá. Nuestra guía de pájaros -tenemos una, como para atestiguar nuestra ignorancia al respecto- dice que lo normal es que esta afluencia se dé en los meses fríos, cuando a la población local se le une la que viene de fuera a pasar la invernada. Pero se ve que estos mirlos de hoy no entienden de flujos turísticos. Han venido porque sí, como esas hordas de merodeadores y ladronzuelos que invaden las ferias de los pueblos. Y nos han pegado su música, y esa nota interrogativa que dejan en el aire, como para mantenernos pensativos el resto de la jornada.


***


Y es que, pese a la sequía, el campo está en todo su esplendor. Han florecido las retamas, los majoletos (los majuelos proustianos, el espino albar del Romancero), los frutales de las huertas. Y da un poco de miedo esta explosión de vida en precario, sustentada en no sabemos qué último resto de humedad de la tierra. Por si acaso, para restarme temores, me sale al paso una fuente que han reformado, y junto a la que han colocado unas estratégicas mesas de picnic. No es muy probable que este pequeñísimo receso junto a la carretera llegue a congregar a muchos excursionistas; y lo que sí parece, dada su situación y su proximidad al pueblo, es que han puesto aquí esta mesa, al pie de unas acacias, exclusivamente para que yo venga a este lugar a leer o a escribir alguna que otra mañana. Me anoto ese propósito, que creo que podré cumplir pronto. Y, como quien guarda un secreto que no quiere compartir, pero que le alegra el día, vuelvo a casa más contento que unas pascuas.

2 comentarios:

José Miguel Ridao dijo...

De hecho Messiaen transcribió el canto del mirlo. Fíjate en este vídeo tan curioso, donde se compara el canto del pájaro con la música de Messiaen.

Un abrazo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Muy curioso, Ridao. Gracias.