jueves, marzo 22, 2012

EXCURSO



Me veo, de pronto, en medio de aquel descampado en las afueras de un pueblo sevillano, en una desabrida tarde de ¿primavera? de hace treinta y cinco o treinta y seis años... Hemos hecho parada en este pueblo a la vuelta de una excursión escolar, creo recordar que a Itálica. Y, de pronto, la conmoción: unos golfillos locales han descalabrado a un compañero nuestro. Los mismos que ahora ensayan desplantes chulescos ante nosotros, a una cierta distancia, a la espera de ver qué resultado tiene su lamentable hazaña. Nuestra reacción, desde luego, no se la esperaban. Como no la esperábamos nosotros: el maestro que va al frente de la excursión se erige inesperadamente en general en jefe y nos dice que quiere ver "ahora mismo" cincuenta piedras en el aire. Obedecemos como un solo hombre, ajenos por completo al peligro cierto de que el enemigo reaccione con la misma contundencia y produzca nuevas bajas. Pero no. El contraataque ha surtido su efecto. Y el maestro, que es un hombre bajito, apacible, dado a embarcarse en largas peroratas reflexivas, anda ahora esponjado como una gallina clueca y parece no caber en sí de la satisfacción...


Y todo esto me ha venido a la mente por la mención que hace Enrique Baltanás, en las primeras páginas de su novela A punto de dejarlo, de cierta "explanada del castillo", que yo no he podido evitar identificar con la que se extiende ante los ruinosos muros del de Alcalá de Guadaira, el pueblo natal del autor. El conocimiento de algún detalle de la biografía de un escritor normalmente redunda en estos detalles espurios, que el lector no puede evitar añadir a su lectura. Pero no veo del todo incongruente este recuerdo mío con los merodeos adolescentes que refiere el protagonista de la novela. Quien sabe si, entre calada y calada, y entre ojeo y ojeo a las parejas que se metían mano en los rincones de aquella majestuosa ruina, el protagonista de la novela y sus amigos tuvieron ocasión de emprenderla a pedradas con una excursión de escolares gaditanos, sin saber que éstos venían al cuidado de un maestro con ínfulas de general.

1 comentario:

E. Cabello, "Las Cumbres" de Ubrique dijo...

Me ha encantado esta "disgresión". De pronto mi fantasía ha volado también a otros días y otras excursiones en las que formamos una piña alrededor de unas compañeras agredidas , respondiendo con una inusitada fiereza verbal y la fuerza que da ser un grupo numeroso de andaluzas en Castilla.
Pero en mi caso, estoy segura de que no convencimos a aquellas castellanas de la corrección de nuestra forma de hablar, porque no tiramos piedras, sino muchas palabras lanzadas como proyectiles...